Vivir y
morir en Medellín
por Paula Wolkowicz |

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La virgen de los
sicarios
Colombia/ Francia, 2000
Dirección: Barbet Schroeder
Intérpretes: Germán Jaramillo, Anderson
Ballesteros, Juan David Restrepo, Manuel
Busquets
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Hablar de la
situación social actual en Colombia sin caer en
una descripción documentalista es difícil;
mostrar la pobreza, la muerte y la desesperanza a
través de una mirada poética, irónica y vital
también lo es. Sin embargo, La virgen de los
sicarios demuestra que no es
imposible. Su director, Barbet Schroeder, junto
con el guionista y a la vez escritor de la novela
en la que se basa el film, Fernando Vallejo, han
logrado crear un mundo muy personal donde quedan
afuera los mensajes moralistas, así como
cualquier tipo de prejuicios y moralejas.
Barbet Schroeder
tiene una trayectoria tan disímil como
interesante. Nacido iraní, vive durante su
infancia en Colombia; luego se radica en Francia
donde estudia filosofía en La Sorbonne, escribe
críticas en los Cahiers du Cinéma y
es asistente de dirección de Jean-Luc Godard y
de Eric Rohmer. En 1964 crea su propia
productora, la cual produce films para Wim
Wenders y Rainer Werner Fassbinder, entre otros.
Más tarde Schroeder se muda a Hollywood donde
logra su primer gran éxito comercial con Mujer
soltera busca (1992). Director, escritor,
productor y actor, Schroeder considera a La
Virgen de los sicarios su film más íntimo y
personal.
En pocas semanas y
con actores no profesionales, la película es
filmada bajo las mismas condiciones de amenazas,
asesinatos y terror que el film representa. Con
una vigilancia constante en los sets de rodaje y
guardaespaldas para el equipo de producción, la
película es realizada casi de incógnito.
La virgen de los
sicarios está basada en un libro
autobiográfico de Fernando Vallejo. Uno de los
desafíos más importantes con los que se
encuentran Schroeder y Vallejo es el de
adaptar esta novela corta narrada en primera
persona y en forma de monólogo, a un guión
cinematográfico. Vallejo, encargado también del
guión, crea diálogos entre los personajes
evitando rotundamente el uso de la voz
over, y así diferenciar claramente los
procedimientos literarios de los
cinematográficos.
La virgen de los
sicarios es una coproducción
colombiana-francesa. En un primer momento esta
unión puede parecer extraña o peculiar, pero es
totalmente coherente con lo que la película
quiere contar. El film está focalizado en el
personaje de Fernando Vallejo, escritor e
intelectual que nace en Medellín pero que hace
treinta años vive en Europa. Fernando decide
volver a la ciudad de su niñez con la
intención de morir allí. Lo que la
película nos muestra, y esto es lo interesante,
es cómo este ilustrado lingüista de cultura
europea se enfrenta, llevado por su amante
Alexis, al oscuro mundo de Medellín donde la
droga, los asesinatos y la violencia son moneda
corriente.
Entre
el realismo y el ensueño
Gracias a que la
película está filmada en formato digital de
alta definición, los colores se vuelven más
intensos y la profundidad de campo es total ( las
imágenes están constantemente en foco). El film
adquiere, de esta forma, un alto grado de
realismo; un realismo exasperante que se vuelve
más insoportable a medida que avanza la
trama
y los asesinatos.
A pesar de su vanguardismo
temático y su falta de prejuicios sobre los
temas más terribles, desde el punto de vista
enunciativo se puede considerar al film como
clásico. Hay una transparencia del relato ( ya
que no se evidencian los mecanismos
cinematográficos) y trabaja con un montaje
tradicional (plano de situación,
plano-contraplano). Sólo en dos momentos se
puede observar una fuerte ruptura en la
enunciación, que son justamente cuando entramos
a los pensamientos o a una focalización interna
del protagonista. Cuando Alexis es asesinado, se
ve la imagen de Vallejo, en forma de un gran
plano secuencia, recorriendo una iglesia rodeado
de personajes del bajo mundo. La imagen se
torna monocromática y se enrarece. Este mismo
procedimiento se repite simétricamente cuando
muere su segundo amante en la morgue.
Mas allá del bien
y del mal
El
film plantea una suerte de ambigüedad moral,
donde no sólo el protagonista sino también los
espectadores entran en un universo donde las
leyes del orden y de la civilización quedan
marginadas. En las primeras escenas de la
película, Vallejo se muestra shockeado por la
violencia gratuita que prima en las calles de la
ciudad colombiana. Luego de que Alexis mata al
vecino, porque el ruido de la batería molestaba
a Fernando por las noches, Vallejo no puede
dormir porque el silencio lo atormenta. Siente
culpa y su consciencia no puede permitir
semejante atrocidad. A medida que pasa el tiempo
( no se sabe cuánto ya que no existe ninguna
referencia temporal en el film) Vallejo empieza a
vivir esa violencia como algo cotidiano, natural:
se ríe frente al asesinato de un motociclista,
ironiza sobre los cadáveres arrojados en una
zanja donde hay un cartel que dice
prohibido tirar cadáveres y se queja
porque han manchado la pared de su casa natal con
sangre. Evidentemente todas estas escenas están
teñidas de una gran ironía, sarcasmo y humor
negro.
Lo
que propone el film con esta suerte de
indiferencia frente a los asesinatos y la
violencia es evitar una mirada condenatoria y
cualquier clase de juicio moral o ético. La
virgen de los sicarios reflexiona sobre la
inexistencia del bien versus el mal; no hay malos
ni buenos, solo hay circunstancias
la
pobreza, la desesperanza, la venganza a falta de
un sistema judicial efectivo, la guerrilla.
La
construcción de los personajes de Alexis y de
Wilmar (ambos amantes de Vallejo) de forma
simétrica, refuerzan la idea de que los
personajes más que culpables son víctimas de su
propia historia.
Vallejo
es presentado a Alexis en un prostíbulo
masculino. El joven tiene 16 años, le gustan los
hombres, es pobre, no consume drogas, siempre
porta un arma y una medallita que lo protege de
las balas, es ferviente devoto de la virgen y sus
anhelos en la vida son un televisor gigante y un
equipo de audio. Luego de la muerte de Alexis,
Vallejo se enamora de otro muchacho con las
mismas características que el anterior sin saber
que su nuevo amante es el asesino de Alexis.
Cuando el protagonista finalmente se entera de la
verdad, intenta matarlo pero se detiene atónito
frente a la contestación de Wilmar: tuvo que
matar a Alexis por venganza, ya que había
asesinado a su hermano. Vallejo se da cuenta, a
la manera de una tragedia griega, que estos
chicos están predestinados a asesinar y a ser
asesinados y que no existe una salida posible.
Desde
la caracterización de los personajes
(vestimentas, actitudes, formas de hablar,
expectativas sobre la vida) el film no enfrenta
al asesinado con el asesino sino que los iguala,
los hace semejantes; ambos están condenados a
jugar los roles que les ha tocado.
Vida,
religión y muerte
Cuando Vallejo llega
a Medellín, su único objetivo - que se expresa
en el primer diálogo del film- es morir. A
medida que transcurre la película se torna
evidente que esta muerte anunciada más que
física es espiritual. La vida y la muerte no
están relacionadas directamente con estados
materiales sino con algo mucho más profundo y
existencial; la vida significa para Vallejo
libertad, proyectos, ideas, vitalidad y se puede
estar muerto en vida, como lo demuestra la escena
final donde Vallejo cierra la cortina y se
encierra en la oscuridad de su cuarto.
La muerte está
presente constantemente y rodea todo el film: los
cuerpos asesinados en las calles, los cadáveres
tendidos en la morgue, las advertencias trágicas
del chico muerte, los cajones apilados en
la iglesia y los niños que aspiran pegamento, se
convierten en el principal escenario del drama.
Por
otra parte, y esto es lo que resulta paradójico,
la religión también cumple un rol protagónico
en la película. La religión y la muerte no
aparecen como opuestos o contradictorios sino
como las dos caras de una misma moneda: las balas
son bendecidas para que no fallen frente a la
víctima, los integrantes de las pandillas usan
medallitas milagrosas para que los protejan de
los disparos y elevan plegarias para seguir con
vida.
El
título del film sintetiza de manera
extraordinaria esta conjunción entre la vida y
la muerte, la religión y lo profano, entre la
virgen y los sicarios.
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