Los
muchachos de antes
por Silvana Flores |
Rosarigasinos
Argentina, 2001
Dirección: Rodrigo Grande
Se abren las puertas de la cárcel. Dos hombres
avanzan hacia la calle, respirando el aire del
exterior que hacía treinta años no sentían.
Lloran de emoción porque ha llegado el día tan
esperado, para recuperar el tiempo perdido. Sin
embargo, nadie viene a recibirles. Una luz de
esperanza se enciende al oír el ruido de un
vehículo, pero sólo es un camión de basura. Ni
siquiera su amigo El gordo vino a
buscarlos, a pesar de lo prometido, ni ninguno de
los muchachos. De esta manera comienza Rosarigasinos,
participante de la sección oficial del último
Festival Internacional de Mar del Plata, y
estrenada oficialmente en junio de este año.
Esta película es la opera prima de un realizador
rosarino llamado Rodrigo Grande. Su debut
cinematográfico se dio, como en la mayoría de
los casos, en el cortometraje. Fue uno de los
tantos jóvenes realizadores que lograron
estrenar sus trabajos, en este caso, en Historias
breves II (1995), con Juntos, in any way.
Otros cortometrajes en su haber son La pared y
la lluvia (1994), con la actuación del
productor de este film, José Martínez Suárez,
y El negrito Benítez (1995).
Esta producción relata el
regreso de dos delincuentes, que pasaron varias
décadas en prisión, con la intención de
recuperar cierto dinero robado tiempo atrás y
escondido en una caja en el río. Como es de
suponerse, los nuevos tiempos (mucho más
peligrosos que los anteriores) y la edad avanzada
de ambos, le juegan una mala pasada. Una
característica importante que distingue a
Rodrigo Grande es haber logrado presentar su
opera prima en la competencia de un
festival internacional de cine (en el cual el
film se llevó el premio ex aequo a
los actores principales). Un caso similar ha sido
el de otra directora del interior del país,
Lucrecia Martel, quien presentó su opera prima, La
ciénaga (2000), en varios festivales de
cine. Estamos en un año en el que muchas
producciones de nuevos directores argentinos se
han dado a conocer (en especial por la
oportunidad de presentarse en la última edición
del Festival de Cine Independiente de Buenos
Aires), pero pocas fueron las chances de estrenar
comercialmente. Una nueva generación aparece,
pero no puede ser vista por su público. Grande
ha sido uno de los pocos afortunados, y con este
film, presenta una perspectiva diferente a lo que
un cine hecho por jóvenes suele ser: el trabajo
con actores de larga trayectoria como Federico
Luppi y Ulises Dumont, el punto de vista
melancólico de creer que los tiempos pasados
fueron mejores, y una narración muy convencional
que parece no pretender traer nuevos vientos al
cine argentino.
El trabajo de Rodrigo Grande
presenta bastante coherencia en comparación con
otros productos del cine argentino, que suelen
sufrir varias carencias en el guión. Grande
maneja la idea de la nostalgia atravesando la
historia y el relato. Los flashbacks, las
referencias al pasado, la frustración de los
personajes al ver cómo todos sus amigos se
convirtieron en algo contrario a lo que ellos se
esperaban, la dificultad por seguir adelante por
el hecho de tener la mirada puesta en el pasado,
funcionan como puentes hacia una misma idea. Toda
la película está impregnada de un sentimiento
de nostalgia por parte de los personajes
principales (en especial el de Alberto Saravia,
interpretado por Federico Luppi). Desde los
títulos de crédito se puede notar una constante
mirada al pasado que recorre el resto del film.
Allí observamos fotografías en blanco y negro
que retratan a la ciudad de Rosario tal como era
en tiempos anteriores, acompañadas por un tango
en la banda sonora. El tango y sus diferentes
temáticas (la traición, la amistad perdida, las
noches de milonga, el desengaño amoroso),
otorgan el contenido a esta obra. La noche en que
estos personajes salen de la cárcel, se
presentan a cantar y tocar tango en un lugar poco
concurrido y en decadencia. Y en la canción que
Saravia canta se sintetiza la película:
...el tiempo ha pasado y las ganas no se
fueron.
En la primera mitad de esta obra,
se intercalan en todas las secuencias reportajes
a los diversos personajes circunstanciales con
los que se encuentran los protagonistas. En
ellos, no se reconoce al entrevistador. Esto
parece darle cierto aspecto de documental al
film, hasta que en uno de esos momentos, un
espejo refleja a la entrevistadora: la mujer de
Saravia, por la cual éste había matado,
agregándosele así quince años a su condena. A
lo largo del film, una serie de breves flashbacks
dan a conocer a una joven mujer que recuerda
Saravia. Luego de todos esos años de
separación, esta regresa a él, dejándole la
esperanza de recuperar la juventud perdida, pero
pronto, como en el tango, descubre que ella lo
traicionó. Los tangos cantados por Saravia en
dos oportunidades tienen la función de describir
las dos situaciones principales del film. Ambas
secuencias tienen la misma estructura: se realiza
un contraste entre la situación presente y la
pasada. En la primera de estas, el canto de
Saravia describe su regreso. A esas imágenes le
siguen una serie de escenas que recuerdan los
tiempos pasados, especialmente los antiguos
amigos a los que Saravia dedica la canción, sin
saber que ellos no fueron a verlo. Vemos también
a su amigo Castor en su juventud en el mismo
lugar, cuando tenía el brillo de treinta años
atrás. En la segunda canción, llegando a la
mitad de la película, Saravia canta un nuevo
tango sobre el amor perdido de una mujer.
Ella me traicionó, me robó, me mató, me
encarceló..., dice la letra que funciona
como indicio de la situación amorosa de este
personaje, que el espectador aun no conoce. Otra
vez, a estas imágenes se le suman escenas del
pasado, que se remontan nuevamente a la juventud
de Saravia. Su rostro envejecido se cruza con la
que fuera su joven amante. Dos tiempos se funden
para dar como resultado la nostalgia.
Los personajes constantemente
tratan de vivir como en su juventud. No son
capaces de reconocer que ya no tienen la fuerza
de antes. Por eso, se los muestra siempre con un
aspecto desaliñado (con moretones, barrigas
prominentes y sacos impecables que esconden
bolsillos rotos). Las citas con prostitutas son
un fracaso, las peleas terminan en un esfuerzo
por recobrar el aliento, los robos (pretenden
asaltar un blindado con autos viejos y
destartalados) grotescos. El código particular
que tienen para comunicarse (agregando entre la
sílaba acentuada de cada palabra y la última la
partícula gas) es una muestra de su
marginalidad, no sólo por la incapacidad de los
demás de comprender lo que dicen, sino también
porque ha sido un modo de hablar extendido en las
cárceles de Rosario.
El protagonista de Rosarigasinos
no es alguien de carne y hueso, sino la ciudad de
Rosario. Sus calles, las canchas de Rosario
Central y Newell's Old Boys y el río Paraná,
son los lugares por los cuales transitan los
personajes y donde descubren un mundo en donde ya
no existen kioscos, sino
drugestores (como dice el personaje
de Ulises Dumont), y donde no hay espacio para la
guapeza de antes. El punto fuerte de esta
película se encuentra en la dupla actoral,
integrada por Federico Luppi y Ulises Dumont. No
se da el mismo caso en el resto de los actores,
que se destacan por la escasa expresividad de sus
interpretaciones, a excepción de Francisco
Puente (que encarna al personaje de El
gordo). Si bien, por momentos se torna
bastante repetitiva, Rosarigasinos cumple
con su cometido de narrar una historia sin dejar
puntos suspensivos y situaciones dramáticas sin
justificación.
Filmografía de
Rodrigo Grande:
Como
director:
Cortometrajes:
La pared y la lluvia (1994)
El negrito Benítez (1995)
Juntos, in any way (1995), en Historias
breves II
Largometrajes:
Rosarigasinos (2001)
Como
ayudante de dirección:
Canción desesperada (1996), de Jorge Coscia
Como
ayudante de sonido:
Lola Mora (1996), de Javier Torre
El largo viaje de Nahuel Pan (1995), de
Zuhair Jury
|