La
importancia de la responsabilidad
espectatorial. Sobre La ciénaga, Sólo
por hoy y La libertad
por Adrian Veaute |
Más
allá de la repercusión comercial lo que
realmente interesa de estas tres películas es
que, desde diferentes puntos de vista y
construcciones narrativas, proponen un discurso
crítico sobre la sociedad contemporánea que
modela un nuevo tipo de espectador,
diferente del tradicionalmente pasivo, que queda
colocado en un lugar de alta responsabilidad
individual para la resolución semántica de las
historias presentadas. Esto se consigue
específicamente con la actualización de una
escritura cinematográfica que reivindica las
modalidades fílmicas modernas que se sucedieron
en Europa desde la segunda posguerra, las que
adjudican al espectador un lugar preponderante en
la concreción del fenómeno estético.
La
ciénaga (Argentina / España, 2000, Lucrecia
Martel) es una metáfora de la decadencia
simbólica y material de una familia pequeño
burguesa de fines del siglo XX. La película se
centra en las relaciones interpersonales que
mantienen los integrantes de una familia numerosa
basada en el parentesco de dos primas con sus
respectivos núcleos familiares, uno residente en
la ciudad y otro en el campo. La ciénaga, ese
terreno pantanoso, ese suelo movedizo que no
permite que nada haga pie sobre él, está
literal y metafóricamente presente en el film.
Por un lado, la ciénaga como nombre de un pueblo
imaginario signado por la humedad, las lluvias
repentinas y el vapor permanente está denunciada
en forma constante y explícita desde diferentes
propuestas discursivas. Por otro, la película
misma es una ciénaga que metaforiza desde la
construcción simbólica de su relato un mundo en
decadencia cimentado sobre un terreno blando,
enlodado, que no soporta más sus estructuras.
Las mínimas acciones de los personajes no tienen
ningún objetivo concreto y se basan en una
constante lucha contra el estancamiento. Con el
uso frecuente de cámara en mano, recurso
que ayuda a la configuración de este mundo
empantanado y agobiante, el film diseña el
relato a partir de situaciones fragmentadas y no
de una sólida historia que progresa o evoluciona
dramáticamente. Así se observa el
encadenamiento de escenas que son débiles pero
necesarias, en las que los tiempos muertos
parecen transmitir al público lo asfixiante y
pegajoso de ese ambiente climático y social.
Construida sobre una sólida alegoría La
ciénaga deposita, en la vacilación y
ambigüedad de los personajes, una suma de
interrogantes y lugares vacíos frente a los
cuales el espectador debe asumir una posición
plenamente reflexiva sobre aquello que la
película sólo esboza mediante gruesas
pinceladas.
Sólo
por hoy (Argentina, 2000, Ariel Rotter)
presenta un moderno tipo de familia que rompe con
el ideal clásico burgués de tiempos pasados. A
diferencia de La ciénaga, que mira el
mundo adulto de una familia desde la óptica de
su joven directora, este film construye una
mirada fragmentada del mundo de los jóvenes
desde la visión igualmente joven de su
realizador. Nos habla básicamente del lugar que
ocupan en nuestra escindida sociedad
post-industrial, al mostrar sus sueños, amores,
ilusiones y frustraciones. En un juego de doble
filo, este discurso crítico se extiende
simultáneamente a la producción formal del
relato. Esta película es la suma total de las
miradas parciales y fragmentadas de cinco
personajes acerca del mundo actual. Éstos son
presentados con nombres propios que recortan y
singularizan sus visiones. A diferencia de la
escritura clásica, basada en la causalidad de lo
narrado, el relato se estructura sobre la base de
acciones inmediatas, concretas y mínimas que
sirven como golpe de efecto de algunas escenas
pensadas estructuralmente a partir de los
procedimientos del gag o el sketch,
los que intensifican el enlazado arbitrario de
los diferentes fragmentos fílmicos. Ariel Rotter
propone una visión joven del mundo a partir de
retazos que, una vez hilvanados, dejan ver la
costura de su construcción. Sin lugar a dudas,
la pluralidad de historias inconclusas exige la
participación efectiva y concreta del
espectador.
La
libertad (Argentina, 2001, Lisandro Alonso),
tercera ópera prima comentada, sorprende por
diferentes motivos. Uno de ellos es que puede
leerse como un documental ficcional,
o bien como su reverso, una ficción -
documentada. La ambigüedad en la
constitución de su género hace que esta
película despierte la atención del espectador,
habituado a la versión clásica del género
construida sobre la estructura entrevistador -
entrevistado. El diseño del relato es circular
y, conjuntamente, delinea una forma iterativa. Es
circular porque el film comienza y termina con
escenas nocturnas que enmarcan una jornada
completa de la vida de Misael, un hachero de la
provincia de La Pampa. Pero, al mismo tiempo, es
un relato iterativo que muestra una sola vez las
rutinarias acciones que se supone el personaje
ejecuta de igual forma todos los días en su
historia cotidiana. Muchas de éstas, como
cocinar su comida o talar los árboles, cobran un
alto grado de fascinación por la habilidad que
el personaje denuncia en cada una de ellas. Estas
acciones, que en otro tipo de relato serían
consideradas tiempos muertos, es decir,
dispensables narrativamente, se tornan
dramáticas gracias a la relación activa que el
sujeto mantiene con su entorno. La película nos
habla de la difícil situación del hombre en
soledad y en libertad, mostrando aquello que se
gana y se pierde con estas elecciones. El
personaje expresa su libertad a cada momento, en
cada uno de sus actos. Pero, igualmente, es un
hombre extremadamente solo que tiene pocos y
esporádicos contactos con la comunidad. El
director respeta en muchas de las escenas la
continuidad del tiempo real de las acciones que
embelesan, por muchos motivos, la mirada curiosa
del espectador. La libertad es, sin duda,
un film argentino diferente que pone al
espectador en una situación de voyeurismo
activo ante la realidad de un mundo poco conocido
que pide ser contemplado e interrogado.
A
sabiendas de un posible fracaso económico, La
ciénaga, Sólo por hoy y La
libertad se propusieron enfrentar el
sistema cinematográfico que devora todo
aquello que plantea una mirada lúcida, fresca y
renovadora. Lo lograron mediante un abordaje
narrativo y formal responsable, renovador, acorde
a las ideas que se transmiten y a la necesidad de
valorar el trabajo activo de decodificación del
público. Son las miradas críticas de tres
jóvenes realizadores que reflejan en sus films
las imágenes de una sociedad cada vez más
distante y escindida. Teniendo al nuevo cine
europeo y latinoamericano de los años 50 y
60 como un fuerte antecedente, estas
películas optan por reivindicar el lugar activo
del espectador, exigiendo su participación en el
proceso estético tanto como en la asunción de
la responsabilidad social. Descentrar la ubicuidad
pasiva y estable del público tradicional es el
desafío de estos filmes. Depende de todos
nosotros asumirlo.
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