Panorama
del cine argentino 2001:
La problemática de
la producción, la distribución y el
consumo
El papel del I.N.C.A.A y las películas
huérfanas
por Pablo Piedras |
Esta nota intenta delinear brevemente el panorama
de la producción cinematográfica nacional en la
actualidad, retrocediendo algunos años en el
tiempo y prestando atención a las estadísticas.
La Ley del Cine,
Mahárbiz, ¿y después?
La validez del uso del termino
industria para referirse a la
cinematografía nacional, en los últimos
cuarenta años, no deja de ser un hecho
conflictivo y generador de interminables
discusiones. Unicamente refiriéndonos a la
denominada época de oro comprendida
entre las décadas del 30 y el 50, no
se nos impugnará la posibilidad de recurrir a la
problemática palabra. En cuanto a los últimos
años, en un marco de producción muy irregular,
el suceso más importante de la última década
fue sin duda la controvertida Ley del Cine 24.377
sancionada en el mes de septiembre de 1994. La
reglamentación e instrumentación de la misma
produjo hasta la fecha una innumerable serie de
conflictos, la mayor parte de ellos relacionados
a la concepción que el gobierno de turno tiene
sobre la actividad cinematográfica. El problema
fundamental de la Ley del Cine es análogo al de
otras leyes en nuestro país: en la práctica no
se respetan.
La gestión de Julio Mahárbiz al
frente del Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales (I.N.C.A.A.), durante el periodo de
gobierno menemista, ha sido justamente
cuestionada por distintos sectores del medio.
Entre otros errores, la puesta en marcha y la
implementación de la nueva ley continuó
beneficiando a los sectores más poderosos,
contradiciendo lo que podríamos denominar el
verdadero espíritu que debe tener la
legislación: el fomento del desarrollo no
sólo de una industria sino también de una
cultura cinematográfica. Fomento que significa
crear y asegurar un espacio apto para la
diversidad, y que evite restringir el apoyo a los
films que aseguren un éxito comercial, o bien
que contengan una intencionalidad política
concordante con la ideología dominante. Los
subsidios otorgados a Sapucay, mi pueblo
(Fernando Siro, 1997) y Comisario Ferro
(Juan Rad, 1998), películas ideológicamente
reaccionarias y carentes de la más mínima
propuesta estética, demuestran qué tipo de
política se aplicaba.
La Ley del Cine estaba
acompañada de un importante presupuesto para el
fomento cinematográfico, pero la distribución
de ese tesoro que supo conseguirse fue, en
reiteradas ocasiones, nefasta. Si se necesitan
más ejemplos de esta situación solo basta
recordar los injustificables millones que se
derrocharon en la reedición del Festival
Internacional de Cine de Mar del Plata (1996) o
la seguidilla de películas surgidas a raíz de
las oscuras alianzas entre el Instituto y el
Multimedios Artear. La historia de la gestión de
Julio Mahárbiz como director del I.N.C.A.A.
implica sin lugar a dudas la escritura de un
ensayo extenso. Estas líneas son sólo una breve
introducción que nos encuadra en la gestión
José Miguel Onaindia y la producción 2001.
¿Un cambio de rumbo?
José Miguel Onaindia asumió la
dirección del I.N.C.A.A. a fines del año 1999,
luego del triunfo eleccionario de la Alianza. Si
bien, al igual que Mahárbiz, Onaindia no
pertenecía al medio, su llegada al Instituto fue
aceptada y apoyada por distintos sectores del
ámbito cinematográfico, debido a que en sus
pergaminos estaba inscripta cierta aura de
honestidad y probada eficacia como hombre de
leyes. La transformación más relevante generada
en la nueva gestión se relacionó a la
concesión de créditos y al reconocimiento de
costos definitivos de producción (la cantidad de
resoluciones y decretos acumulados desde el año
1994 hasta el 2000 que modificaban la normativa
de créditos, derivó en que a mediados de agosto
del 2001 se publique un cuerpo reglamentario
único concentrando todos los cambios). Otro de
los hechos significativos fue la cancelación en
el otorgamiento de subsidios previos a la
realización de largometrajes. He aquí que,
desde el año 2000, sólo es posible conceder
créditos a la producción y la coproducción de
películas nacionales previa presentación del
proyecto, el cual debe contener el guión
técnico, el posible reparto y los costos finales
de producción, entre otros requisitos. El
promedio del crédito que otorga el Instituto
ronda desde esa fecha el 35 % sobre el
presupuesto final del film.
Una ley con fracturas
La actual reglamentación
todavía no ha podido superar graves
inconvenientes. La falta de controles y las
desparejas posibilidades para poder contar con
una buena campaña publicitaria influyó, de
forma paradójica, en la consolidación de otra
industria paralela: la de las facturas truchas.
De aquí que se haya convertido en una práctica
habitual sobredimensionar el costo de
un film para cubrir completamente el valor del
mismo, desligándose el productor de las
consecuencias de un posible fracaso comercial.
Otro punto delicado es el subsidio por venta de
entradas. Actualmente se ha derogado el artículo
que aseguraba una importante suma al productor
por el mero hecho de estrenar el film (del cual
varios oportunistas han sabido beneficiarse a
tiempo estrenando cualquier cosa). Sin embargo,
además del subsidio por medios electrónicos
(estreno en televisión y video), también se
otorga un subsidio por entradas vendidas. En
consecuencia, una empresa productora poderosa
puede invertir unos cuantos pesos en la compra de
entradas, acción que le significará recuperar
esa inversión acrecentada en forma de subsidio,
brindado por el I.N.C.A.A.
La D.A.C (Directores Argentinos
Asociados), en uno de sus boletines llamados infoDAC
emitido en marzo del 2001, señala asimismo otras
cuestiones que considera importantes para mejorar
la situación del cine nacional. Entre los puntos
más relevantes podemos mencionar:
El rechazo al ajuste del
50 % sobre el presupuesto del I.N.C.A.A.,
realizado por el poder ejecutivo
La reglamentación de la
Ley del Cine solicitando que se cumplan
los ítems que protegen a los
realizadores del salvaje libre
mercado, a saber: cuota de
pantalla, subsidio por medios
electrónicos, medias de continuidad,
etc.
Elaboración y
aprobación de una Ley de Radiodifusión
que además de contemplar los intereses
de las empresas de televisión nacional,
contemple los intereses del cine
argentino, ya que éste constituye uno de
los soportes de la programación
televisiva
En
un país tercermundista como el nuestro, el
correcto funcionamiento del organismo que regula
la actividad cinematográfica es fundamental.
Dejando de lado las posibles teorías que no
consideran al cine como práctica artística, es
indiscutible que para su existencia resulta
determinante disponer de medios económicos. Para
acrecentar la producción, y para que el mercado
no se devore las realizaciones nacionales, es
imprescindible la función del Estado. Creemos en
este sentido que toda política cultural debe
incluir el apoyo a quienes poseen menos recursos,
no solo en lo concerniente a la producción, sino
también en lo referido a los circuitos de
distribución y exhibición. Uno de los pasos que
restan concretar se encuentra precisamente en esa
dirección: intervenir directamente en la
distribución y la exhibición, verificando que
se respeten los artículos 10º, 11º, 12º y
13º de la ley sobre la cuota de pantalla.
La
cruel palabra de los números
| |
Año 2000
|
Año
2001 (hasta el 31/8)
|
| Películas
estrenadas |
47
|
32 |
| Operas primas |
20 |
19 |
| Monto total
otorgado en créditos |
$
13.780.500 |
$
3.975.000 |
| Películas que
recibieron Créditos |
29 |
13 |
| Promedio de
crédito por película |
$ 475.000 |
$ 305.000 |
| Películas
terminadas y en post-producción |
103 |
| Monto total
otorgado en créditos |
$9.112.000 |
| Películas que
recibieron créditos |
34 |
| Promedio de
crédito por película |
$ 268.000 |
Las estadísticas nos permiten sospechar que
seguramente a fin de año se superará la
cantidad de estrenos del año anterior. Pero el
abultado número de estrenos contrasta duramente
con las escasas recaudaciones obtenidas durante
el primer semestre del año, las cuales cayeron
un 47 % con respecto al mismo período del 2000.
Para justificar el fenómeno no alcanza con
remitirnos al brutal descenso en el consumo,
asociado a la recesión económica que viene
sufriendo el país durante este año. Estos datos
sirven para confirmar que la política crediticia
debe estar acompañada de un programa sólido que
abarque la difusión, la distribución y la
exhibición de las películas. De lo contrario,
el esfuerzo del Instituto queda a mitad de
camino, ya que seguir produciendo de esta manera
beneficia solo a unos pocos.
Como
consecuencia de esta sobre-producción, es
posible observar un amplio conjunto de films que
se encuentran terminados o en etapa de
post-producción. En los últimos tres años se
ha producido una especie de cuello de botella
fruto de la escasa exhibición. Estamos hablando
de 103 películas terminadas (o casi terminadas)
que esperan la oportunidad de un estreno, sin
mencionar las 33 que se encuentran actualmente en
etapa de rodaje. El número acumulado seguirá
acrecentándose mientras no se halle una
solución al problema de la exhibición. Las
opiniones al respecto son de lo más variadas:
algunos sostienen que es necesario reducir la
producción y exigir mayor calidad artística;
muchos exhibidores opinan que más allá de la
calidad de los films, no hay un mercado amplio y
estable en la Argentina para tan amplia
producción. A otros directamente no les preocupa
en absoluto la baja cantidad de audiencia y sólo
piensan en seguir filmando, de cualquier forma la
recuperación de costos estaría asegurada con el
cobro del subsidio por medios electrónicos.
Lo
que vendrá
En
los últimos años los cambios han sido muchos.
Por un lado, los índices permiten divisar la
disminución en los costos de producción y la
realización de películas cada vez más
económicas. Por otro lado, los sucesivos
llamados a concurso del Instituto promoviendo los
créditos para el primer y segundo largometraje,
dan como resultado que el 43 % de los estrenos
del año 2000 y el 60 % de los estrenos de este
año sean óperas primas. Esta situación,
además de la novedad en los estrenos, hace
efectivo el cambio generacional que se preveía
algunos años atrás con el aumento significativo
de la cantidad de estudiantes de cine. Estos
factores, sumados a las posibilidades para filmar
que se han abierto gracias al económico formato
digital, auguran un cine distinto.
Sin
embargo, el debate alrededor de la potencial
consolidación de un nuevo cine
argentino que estudiosos y críticos
vienen manteniendo desde la aparición de Pizza,
birra, faso (Adrián Caetano y Bruno
Stagnaro, 1997) y Mundo grúa (Pablo
Trapero, 1999), y que continúa con los recientes
éxitos internacionales en festivales obtenidos
por La ciénaga (Lucrecia Martel, 2000) y La
libertad (Lisandro Alonso, 2001) parece
resultar ajeno al público ya que ninguna de
estas películas ha superado los 100.000
espectadores. Frente a estas cifras, como
sucedió en los años anteriores, las películas
nacionales más taquilleras del 2001 son aquellas
que están financiadas y patrocinadas por medios
televisivos: El hijo de la novia (Juan
José Campannella - Polka), La fuga
(Eduardo Mignona - Telefé) y Chiquititas
(Luis Mazza - Telefé).
En
esta coyuntura, la solución de los graves
problemas que aquejan a gran parte de las
películas argentinas reside en gran medida en la
consolidación de mecanismos que incluyan la
publicidad, la distribución y la exhibición de
las películas subsidiadas. Este quizás sea el
futuro desafío de las instituciones oficiales
interesadas en el cine argentino.
* Datos brindados por el I.N.C.A.A.
(Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales), S.I.C.A. (Sindicato de la
Industria Cinematográfica Argentina) y D.A.C
(Directores Argentinos Cinematográficos)
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