Entrevista
al director de Modelo 73,
Rodrigo Moscoso
por María José Moore y Paula
Wolkowicz |
Rodrigo Moscoso tiene 28 años y vive en Buenos
Aires desde hace 10 años, cuando vino para
estudiar dirección de cine en la Fundación
Universidad del Cine. Nació en la Provincia de
Buenos Aires pero vivió toda su vida en Salta y
se considera salteño. Modelo 73 es su ópera
prima.
¿Por qué te
dedicaste al cine?
Estudié
durante la secundaria bellas artes, me gustaba
mucho, y también había hecho teatro. No sabía
qué estudiar y supuse que el cine tenía toda
esta conjunción de cosas: de arte, de música,
de todo. En realidad empecé a estudiar cine sin
ser cinéfilo, sin conocer directores; fue una
especie de aventura. Ya estudiando me di cuenta
que el cine tenía una identidad propia, más
allá de que combinaba otras artes. Me sedujo y
me quedé con eso. Es más, nunca volví a pintar
y ni pienso hacerlo, en actuar menos. Me quedé
con el cine.
Tu
película se podría insertar en lo que se conoce
como un cine de situaciones, en el
que no hay un desarrollo dramático de la
historia. Muchos de los jóvenes realizadores
argentinos están eligiendo este camino. ¿Por
qué crees que sucede esto? ¿Y por qué te
interesó a vos en particular?
En
el cine argentino encontras este tipo de
películas que está más relacionada con la idea
que se tiene del cine independiente mundial:
Jarmush, Rohmer
; le podes encontrar
ligazón con muchos directores de estilos,
similares. Otro tipo de películas tienen un
nudo, una intriga, como Nueve Reinas o El
hijo de la novia. Particularmente creo que
tuvo que ver con haber visto películas que me
gustaban mucho y sentir que ese tipo de relato o
esa búsqueda de contar algo en las cosas muy
simples y muy de situación era interesante.
Tiene que ver con las películas que a mí me
influenciaron o que me mostraron un tipo de cine
con el que me sentí familiar. Yo no encuentro
mucho interés en contar intrigas fuertes; sería
como una especie de falsedad. Personalmente,
viví cosas que están más cercanas a lo que
podría haber vivido un personaje de mi película
que a las que podría haber vivido el personaje
de Gastón Pauls en Nueve Reinas o
cualquier otra película. No sé por qué
también lo hacen los otros. Quizás por un
agotamiento. En la historia del cine argentino
hubo una escasez de ese tipo de películas, muy
simples o poco pretenciosas. Siempre hubo un
exceso de contar intrigas, por un lado, en la
mejor época del cine argentino (en la
época de oro, con las películas de
género) y, por otro lado, un cine más político
que daba cuenta de la ideología del director de
una manera muy evidente. Quizás ahora hay un
exceso de esta nueva modalidad, o tal vez se
está empatando el partido
¿Qué
significó para vos filmar en tu provincia?
¿Qué elementos de Salta rescataste para el
film?
Situar
la cámara en otro lugar casi hace otra
película. Yo no sé si esta misma película,
hecha en Buenos Aires, le hubiera gustado a la
gente. Quizás a los que le gusta la película
también les gusta porque están viendo otra
calle, otro cielo, un cerro de fondo, una luz que
es distinta, actores que no tienen experiencia,
que son de otro lugar. Básicamente la hice
porque yo los veranos los paso allá. La historia
se me ocurrió estando allá y me gustó contar
una historia de una ciudad chica; una urbe que a
la vez es del interior y tiene una mezcla de
cosas muy raras, por lo menos para la gente de
acá. Si nunca me hubiera ido de Salta no podría
haber visto eso como algo llamativo. Quizás si
me hubiera quedado allá lo llamativo de Salta
hubiera sido lo típicamente folclórico, lo
autóctono, como es la idea que tiene la gente
sobre el interior. Inclusive acá, estaba la idea
de un cine del interior como de cine folclórico,
de corte social, de denuncias de la situación
del aborigen o películas históricas sobre
Güemes, tomando como ejemplo la versión de
Leopoldo Torre Nilsson. Me pareció un reto hacer
una película de jóvenes pero de otra ciudad.
En
Modelo 73, ¿quisiste tener una mirada fiel a la
realidad o intencionalmente mostraste a una Salta
detenida en el tiempo?
Es
todo junto. El otro día fui a ver una muestra de
Florencia Blanco, llamada Salteños. Ella muestra
en las fotos algo muy típico, gente muy del
lugar, originaria de la zona pero a la vez en una
situación rara, de un mundo globalizado. Es todo
eso; es una mezcla de una tradición colada con
la cultura de la tele, con los cánones de
belleza occidentales. Todo lo que podes encontrar
acá, en una ciudad que tiene una fuerte
tradición. Y genera eso.
¿Con
Lucrecia Martel, directora de La ciénaga,
también salteña, sentís algo en común?
Hay
cosas que me relacionan con gente de Buenos Aires
que no la encuentro en ella y hay cosas que me
relacionan obviamente con ella que no lo voy a
encontrar en alguien de acá. Yo vi su película
y para mi es muy Salta, y es muy distinta a la
mía. Y veo la mía y también es muy Salta. Son
dos selecciones y dos formas de ver muy
distintas. Ella eligió mostrar cierta gente con
una mirada bastante crítica y yo elegí mostrar,
no la misma gente pero sí la misma franja
social, pero de la ciudad; y con una mirada más
benévola sobre ellos. La ciénaga es una
película excelente y que tiene una mirada muy
filosa y muy acertada sobre lo salteño. Cierta
gente en Salta niega la película, a muchos le
debe haber molestado e inclusive le molesta a
mucha gente de acá. Muchos se deben sentir
tocados.
¿Cómo
fue trabajar con tan poco presupuesto? ¿Tuviste
ayuda financiera?
La
ayuda financiera del Instituto la tuve recién
para ampliar la película. Antes tuve cierto
apoyo de la FUC con equipos, con taxis y la gente
que laburó. Fue lento, y el tiempo es oro y el
oro es tiempo. Es un poco sufrido pero también
tiene su lado bueno. Igual, me gustaría filmar
con plata pero con la tranquilidad de no tenerla.
En
la película cada uno de los personajes lleva un
objeto consigo: un cuadro, una cámara de fotos
instantánea, un walkman. ¿A qué remite esto?
Es
algo automático en mí, intentar equilibrar
siempre todo. Para mí era importante que uno de
los personajes capte la realidad dentro de la
película, que busque encuadres. Al principio de
la película hay una toma de unas palmeras y
después se ve un encuadre igual, hay una especie
de autorreferencialidad. Quería que
uno de los personajes tuviera la misma búsqueda
que yo, para sentirlo cercano a mí. Del
personaje que lleva el cuadro, como espectador
sacaría en limpio que él hace cierto tipo de
pinturas y a la vez está fascinado con este
cuadro y no se sabe por qué, porque es horrible.
Pero él ve arte en eso, algo más allá de lo
que hace él. Era importante para mí que uno de
los personajes escuchase música, y a partir de
un momento determinado escuchase otro tipo de
música. Es un elemento que le sirve para muchas
acciones, cuando pasa la música por el
auricular
, es él el que lleva la música
de la película también.
Observamos
una clara diferencia entre hombres y mujeres. Los
hombres son lentos, despreocupados,
tontos
y las mujeres son más
avispadas y manipuladoras.
Que
las mujeres son más fuertes es una verdad
universal.
No
es tan así.
Bueno,
es lo que yo conozco. Fue una elección,
pero que se dio naturalmente. Quizás en la
próxima película haga un personaje masculino
más fuerte, pero yo realmente creo en la
fragilidad masculina. Es una mentira que los
hombres son más fuertes. Las mujeres cuando
quieren algo se concentran mucho en lo que
quieren hacer. Igualmente me parece un poco
drástico, le podría haber buscado una vuelta
para no hacerlo tan tajante. Te juro que no me di
cuenta. Cuando escribí el guión me gustó la
idea de poner situaciones que se repitan,
similares; poner cosas en la balanza para
distribuir todo más o menos bien. Pero en el
aspecto del encare de las chicas, hasta que no la
vi montada no me había dado cuenta que las tres
chicas daban el primer beso. Y cuando lo vi no
podía creer no haberme dado cuenta. Me pareció
hasta grotesco en algún punto, como si esto
pasara siempre.
La
música seleccionada para el film es bastante
particular. ¿Por qué esta elección?
La
música original la hizo Andrés Paoleti, autor y
cantor montegrandino. El es muy amigo mío y
también hizo la música de mi corto, y quería
que hiciera la música para el film. Yo le di
algunas pautas, y él me devolvió algo
buenísimo. Hay mucha confianza con él. Yo le
hice videoclips a él y él hace la música para
mis películas.
En
el film todos los acontecimientos se muestran con
la misma jerarquía y relevancia dramática. La
mujer que gana la lotería; su posterior
asesinato; el affaire del padre de uno de los
chicos
Yo
quería poner las cosas como si las viera
alguien. Tratar de sacar el acento de algunas
cosas para lograr que la imagen llegue lo más
virgen posible al espectador. Sin un colador, sin
que se diga: esto está mal. La película no
está metida dentro de ningún personaje. Si
hubiera narrado desde el personaje de Ramiro, que
es el que vende el boleto de lotería y es
el que ve como el hombre compra el hacha y el que
después lo ve en la funeraria, tendría que
haber puesto el acento de que eso era algo muy
fuerte. Y no lo hice porque era injusto meterse
en un personaje y no en otro. La idea es que a
los tres personajes se los viera desde afuera.
¿Qué
rol cumplen las fotografías en el film?
Es
una licencia que me tomé. Las puse fuera de la
realidad; están flotando en un fondo negro. Me
tomé la licencia de que fueran parte de la
película. Y, por otra parte, cumplen la función
de ir marcando el paso del tiempo.
¿Tienen las
fotos alguna relación con El viaje de Ikiru, de
Kitano?
No,
la película de Kitano no la vi. Lo de la
Polaroid me pareció bueno por esa cosa
instantánea. No es por una cuestión fetichista
de la Polaroid, que está de moda en el cine
independiente. Hay ciertos elementos que se
repiten en el cine independiente: chicos sentados
en las veredas, que son veraniegas, la pileta de
pelopincho, la polaroid.
El
material utilizado en la escena del carnaval ¿
fue documental o fue producido especialmente para
el film?
Hay
algunas tomas documentales y el resto está
reconstruido. Todas las escenas que tienen sonido
directo, es un falso carnaval. En la misma calle
y con la gente del vecindario que íbamos
poniendo de extras, tratando de imitar la luz.
Esa secuencia tiene cámara en mano, que en el
resto de la película no está. Es la única
parte donde hay gran condensación de gente, todo
el resto está abierto y vacío. El corso da para
filmarlo de otra manera también, mucho más
caótico. Me parece que me quedé corto en como
lo mostré.
¿Por
que decidiste trabajar con actores no
profesionales?
Me
encantó. Lo había hecho ya en mi corto. No es
una búsqueda en particular, no es que digo no
puedo trabajar con actores. En realidad no me
animo a trabajar con actores profesionales porque
no sé si sabría dirigirlos. Quizás sería más
fácil lograr los tonos, los climas, pero hasta
ahora no lo pude hacer. Además, en Salta no hay
muchos actores de todas las edades necesarias, de
distintos aspectos, y para mí era muy importante
que cada personaje fuera casi eso en la vida
real. Al chico de los auriculares me lo encontré
en una exposición un día que estaba vestido
igual, caminaba igual, y andaba con un
chupete en la boca! Creo que todos los personajes
son muy parecidos a la gente que los actúa. Y
eso se nota en como se mueven y en como son
físicamente.
La idea del azar parece tener una
fuerte presencia en el film
Me
parece una de las cuestiones más importantes o
llamativas de la vida. Le encuentro más razón
en el azar a muchas cosas que me pasan
creo
más en las casualidades que en las causalidades,
que en lo lógico. Eso te permite una mirada más
abierta, con cierto misterio. Lo que le pasa a
uno todo el tiempo tiene que ver con la
conjunción de cosas muy frágiles. Me parece muy
interesante para contarlo y reflejarlo.
¿Qué querías
contar con esta película?
La
película sufrió muchos cambios en el montaje.
Lo bueno es que quedó la esencia básica: la
historia de tres amigos en un verano. Para mí
los veranos tienen un comienzo y un final. A mí
siempre me pasan cosas en los veranos; en el
invierno siento que no pasa nada interesante. En
los veranos las cosas se mueven. Una persona hizo
una vez un comentario donde decía que o uno fue
uno de estos personajes, o seguramente los conoce
de alguna parte. Es importante que uno pueda ver
a los personajes con cierto realismo. La gente
por lo general no anda diciendo grandes verdades
por la calle, entonces la realidad más cercana
está en las cosas simples, de todos los días.
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