Estar en
el mundo
por Marcos Adrián Pérez Llahí
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La libertad
(Argentina, 2001)
Dir: Lisandro Alonso
Misael es hachero en el monte pampeano. La
Libertad cuenta un día en la vida de Misael. El
joven leñador se despierta, recorre su hábitat
para encontrar la madera adecuada y trabajarla.
Cumple con algunas rutinas, incluida una siesta.
Vive solo, asilado. Se relaciona apenas para
vender el producto de su trabajo y procurase
algunas provisiones. Se alimenta, camina, piensa,
canta y duerme. Y por allí transcurre la empresa
inicial del filme de Lisandro Alonso: contar lo
cotidiano.
Misael y las pocas personas con las que se
encuentra durante el film no son actores. Sus
participaciones consisten en reeditar sus
personajes diarios para la cámara de Alonso.
Durante los diez días que dura el rodaje Misael
"es" frente a la cámara, para luego
volver al solitario monte y seguir
"siendo" lejos de ella. Pero esta
decisión fundante de la película, la de contar
la vida de un hachero mostrando a un hachero, no
guarda una intención antropológica o
documental, ni siquiera periodística. No hay
acercamientos ni planos que se detengan a
explicar los quehaceres del protagonista. La
palabra está vedada a unos pocos diálogos de
estricta necesidad y nimia importancia. No hay
narradores over ni monólogos interiores; sólo
el claro sonido del ambiente surcado por las
acciones de Misel.
La Libertad es una película de recepción
dificultosa. Desde su tema aparentemente
irrelevante hasta su forma personalísima de
contarlo, el film busca todo el tiempo a un
espectador que, según palabras de su realizador,
es quien tiene que completar la película. Misael
vive en un lugar difícil de aprehender para los
espectadores urbanos. Su lugar es el monte, mas
allá de la patria cultivada, la pampa húmeda
tal como la conocemos o sospechamos. Para
encontrarse con la sociedad él debe salir de
allí. Cruzar un alambrado, existente y
simbólico, dejar los árboles y entrar en
"el campo", el lugar de la tierra
domesticada. Todo esto dificulta demasiado la
identificación del espectador. Misael es un ser
extraño en un lugar extraño. Sin embargo, el
minimalismo elegido para construir las imágenes
le otorga al film una tremenda capacidad
paradigmática. Los objetos puestos en escena se
tornan rápidamente contingentes y La Libertad
deja de ser una película sobre un hachero en La
Pampa para revelarse como idea pura. Y si era
difícil llegar a identificarse con un hombre de
campo y sus labores, se vuelve muy fácil
descubrir que las estructuras que guardan la
rutina de Misael son universales.
Los pedazos de tiempo mostrados por Alonso son
casi aleatorios, sin ninguna intención
condensadora ni ejemplificadora. Las elipsis de
La Libertad (las veintitrés horas que no vemos
del día de Misael) podrían contener episodios
más interesantes y hasta más pertinentes de ser
contados. Pero lejos de convertirlo en una suerte
de cadáver exquisito, este detalle vuelve al
film extraordinariamente sincero. En lo formal,
la asiduidad de plano secuencia (casi todo el
film está resulto de este modo) refuerzan esta
transparencia de lo visto. Y lo que vemos alcanza
para construir ese día, cualquiera y todos los
días de Misael, o de quien sea.
La Libertad es un film único y dueño de una
personalidad inmensa. Que se plantea metas claras
y las alcanza con recursos nobles. Una película
inusual no sólo para el cine argentino. De una
despojada construcción y una multiplicidad de
lecturas inquietante. Un ejemplo de cine que con
recursos precisos logra el más arriesgado de los
objetivos: contar la vida, simplemente.
Ficha técnica:
La libertad: 35 mm, color, 73 minutos,
1:1.85, Dolby Digital. Dirección y guión:
Lisandro Alonso; Producción: Hugo Alonso;
Productores asociados: Hernán Musaluppi, Martín
Rejtman y Pablo Trapero; Producción ejecutiva:
Lisandro Alonso; Fotografía y cámara: Cobi
Migliora; Sonido: Catriel Vildosola; Montaje:
Martín Mainoli y Lisandro Alonso; Música: Juan
Montecchia. Elenco: Misael Saavedra, Humberto
Estrada, Rafael Estrada, Omar Didino y Javier
Didino.
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