Hache
por Lorena Moriconi |
Historias Cotidianas (h)
Argentina, 2001
Dirección: Andrés Habegger
Hache de huella, de hijos, de historia, de hoy.
Cuatro bloques enmarcados por retazos de huellas
digitales que no terminan de dibujarse. En Historias
Cotidianas (h), Andrés Habegger inaugura su
carrera como cineasta dando la palabra a seis
hijos de desaparecidos que relatan sus vivencias,
las historias cotidianas a que hace referencia el
título del film. Testimoniar para no callar,
ocupar espacios para no cederlos, hacer memoria
para no olvidar. Tal parece ser la apuesta
política puesta en marcha por los familiares de
las víctimas del terrorismo de estado: donde hay
una ausencia, señalarla. Ausencia de los padres,
de sus cuerpos, del castigo para los criminales.
Como la H, que no representa a
ningún sonido o, más exactamente, representa
una ausencia de sonido. Está en representación
de una ausencia. La letra silenciosa como pura
marca, prueba, testificación, presencia.
Hache de Habegger. Uno a
uno, los testimonios permiten reconstruir las
preguntas que permanecen fuera del discurso. A
qué se dedican en la actualidad, cómo fue su
infancia, cuándo y cómo se enteraron de la
desaparición de sus padres, cómo eran ellos, en
que se les parecen, cómo los recuerdan, qué
sucede hoy, cuando los hijos han alcanzado la
edad que los padres tenían cuando fueron
secuestrados. Seis historias de vida y una
séptima que no se enuncia. Que sostiene, que
contiene a las otras. Que remiten y refractan la
historia de otro hijo, aquel que está detrás de
la cámara y que ha elegido contar su experiencia
desde otras experiencias, con otras voces que no
son la suya pero que se le parecen. La clásica
modalidad expositiva del género documental
basado en entrevistas con testigos y metraje de
archivo, el recurrente recurso al testimonio,
constituyen aspectos que, estando presentes en la
mayoría de los documentales sobre la última
dictadura, nos interrogan sobre sus posibles
sentidos. En el documental, la
narración de un suceso es la reivindicación de
la historia. La restricción y la subjetividad
rara vez se inmiscuyen como factores de
complicación. (Nichols: 1997, 52). Lo
que se recuerda instituyendo lo que fue. La
memoria suplantando, pariendo a la historia. Las
imágenes de archivo despegándose de su función
convencional de prueba, para pasar a servir de
meras ilustraciones de esta historia que se teje
primordialmente desde el relato de voces
directamente afectadas por el genocidio.
La hache como marca, el
documental como monumento, como tumba inacabada e
inacabable, es decir, como espacio físico y
temporal de comunicación y sutura entre dos
mundos: de los vivos y los muertos, del pasado y
el presente, de los lazos comunitarios. Otra
señal recurrente: un puente que aparece una y
otra vez, insiste. Otro modo de comunicación
entre dos, de estar entre dos.
Historias cotidianas,
historias familiares: esto es, historias
pertenecientes al espacio doméstico de la
familia, pero también, historias que se espejan
unas en otras, que tienen rasgos familiares, se
asemejan. El montaje insiste en estos parecidos,
en aquello que confluye. Fuera de cuadro quedan
las heterogéneas respuestas que los familiares
de las víctimas adoptan en la escena social.
Demasiado orden para un espacio de permanente
disputa.
Historias que desbordan lo
singular para tomar estado público. Cuando lo
cotidiano se vuelve historia, hecho público,
experiencia común, relato imperativo: lo que
debe ser narrado. Un desgarro que atraviesa estas
historias, cotidianas pero no tanto, ni tan
sólo. Por un lado, ámbitos domésticos
cobijando las entrevistas. Por el otro, la
errancia. Para salir a buscar o para imprimir las
marcas públicas de la ausencia: escraches,
monumentos, la escuela donde se vio al padre por
última vez, el edificio donde secuestraron a la
madre, el río de La Plata, la casa del atentado.
Tránsitos: caminatas, viajes en auto, en tren,
en colectivo. Una dialéctica espacial que
resuena en los testimonios de los hijos sobre sus
padres. La dialéctica entre el ser doméstico de
la maternidad y la paternidad y el hacer
militante. Un proyecto político que tiene a los
lazos sanguíneos como vasos comunicantes. Historias
cotidianas (h) no se presenta como un
documental histórico. Intenta dar cuenta de un
presente que sin embargo se encuentra atravesado
por el pasado. Estas voces que usan el pretérito
como tiempo verbal predominante, se enuncian en
primera persona. Y, otra vez sin embargo, se
trata de un yo atravesado por lo colectivo. Un yo
confrontado con otros yo que refieren
experiencias similares. Un hoy que no es hoy sin
ayer; un yo que no es yo sin nosotros, sin
ustedes, sin ellos. Un tironeo perpetuo, un
terreno inestable.
Crímenes que buscaron
esquivar la certera evidencia que la muerte
sentencia. Desaparición y exilio: matar sin
dejar rastros, dejar rastros sin matar.
Contestaciones varias y, en muchos casos,
divergentes a estos crímenes. Sin embargo, una y
otra vez, son los familiares de las víctimas
quienes se hacen cargo de la denuncia. Una y otra
vez, son las mujeres quienes se ubican en la
vanguardia de este reclamo. Una y otra vez, se
invoca una necesidad como motor de la acción.
Así lo enuncia Andrés Habegger en una
entrevista realizada con motivo de la
presentación de su película en el 16º Festival
de Cine de Mar del Plata: Creo que como
a cualquier hijo de desaparecidos le surge la
necesidad de poder contar su historia. De poder
decir no sólo lo que pasó, sino cómo cada uno
de nosotros pudo vivir y convivir con esa
historia. (...) Creo que cuando nosotros
empezamos a ser adultos surgió la necesidad de
decir por esto pasamos, estas son las
marcas que hoy tenemos, todos llevamos
nuestra propia historia encima y somos nuestra
historia. Surge imperiosa la necesidad
de preguntarse sobre esta otra necesidad.
Necesidad de llenar, de atar, de retomar el hilo
interrumpido de la historia y de la vida, del
ciclo entre vida y muerte. Relacionar, atar los
cabos sueltos. Como si una función de llenado
ocupara a las expresiones artísticas referidas
al período de la dictadura y específicamente a
los desaparecidos: a falta de los cuerpos, una
imagen, una foto, treinta mil fotos, cartas,
voces, canciones. Memoria como invocación. En
este contexto, el medio audiovisual demuestra su
capacidad de aunar, grosso modo, los dos usos
mayoritarios de la memoria en la cultura
occidental: la voz que dice, que recuerda, que
cuenta para la posteridad y la memoria como
registro siempre igual a sí mismo en su
materialidad, como escritura, como marca. Por
fin, la transmisión oral fijada en un formato
indeleble: el celuloide, la cinta magnética.
De dónde viene y hacia
dónde se dirige esta necesidad. Quizás se
encuentre el germen de una posible respuesta en
el concepto benjaminiano de historia de
los vencedores: Benjamin, en
Tesis de Filosofía de la historia,
habló de la historia de los
vencedores; sólo desde el punto de vista
de los vencedores el proceso histórico aparece
como un curso unitario dotado de coherencia y
racionalidad; los vencidos no pueden verlo así,
sobre todo porque sus vicisitudes y sus luchas
quedan violentamente suprimidas de la memoria
colectiva. (Vattimo: 1994, 16) No se
trata aquí de arrastrar las connotaciones
bélicas que implican términos tales como
vencedores y vencidos. Vale la pena aclararlo
frente a un discurso que se empeña en leer el
terrorismo de estado como una guerra entre dos
bandos igualmente responsables: la conocida y
lamentable teoría de los dos demonios. Por el
contrario, se trata de un intento de empezar a
comprender los usos de la memoria y del
testimonio, que de un tiempo a esta parte se
manifiestan como modos recurrentes de
representación del pasado reciente. De tales
usos, de algunos de ellos, películas como Historias
cotidianas (h) dan cuenta, al tiempo que son
expresión.
Ficha Técnica
Dirección: Andrés
Habegger; Producción: Carlos Barraca; Guión:
Lucía Puenzo, Andrés Habegger; Edición: Laura
Mattarollo; Fotografía y cámara: Mariano
Cúneo; Sonido: Laura Mattarollo; Música
original: Juan Manuel Degregorio, Marcelo
Castagnola; Investigación: Andrés Habegger,
Juan Pablo Bermúdez, Lucía Puenzo; Entrevistas:
Juan Pablo Bermúdez, María José Mendez;
Testimonios: Cristian Czaiznik, Úrsula Méndez,
Florencia Gemetro, Claudio Novoa (Manuel
Gonçalves Granada), Martín Mortola OesteRheld,
Victoria Ginzberg; Archivo: Silvia Acosta, María
José Mendez; Asesoramiento: Humberto Ríos,
David Blaustein, Renato Meari, Irene Ickowicz,
Juan Carlos Macias; La Mano Producciones
Audiovisuales; Con el apoyo de: Fondo Nacional de
las Artes, Comisión para la Preservación del
Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de
Buenos Aires; Buenos Aires, 1998/ 2000
Bibliografía
AA.VV
2001 En primera persona, en Diario!,
sábado 17 de marzo, Nº10, Mar del Plata:
Publicación del Festival Internacional de Cine
de Mar del Plata, pág. 7
Nichols, Bill
1997 La representación de la realidad.
Cuestiones y conceptos sobre el documental,
Barcelona-Buenos Aires: Paidós
Vattimo, Gianni
1994 El fin de la modernidad, Barcelona:
Gedisa.
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