Raymundo (Virna Molina y Ernesto
Ardito, 2002)
por Jeff Bailey

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De cómo reflexionar,
criticar y hacer política sin resignar
un miligramo de emoción. Raymundo, un
hombre, un film, una forma de vida, una
víctima mas del terrorismo de Estado. De
ahora en más, nos parecerá en extremo
dificultoso distinguir entre la imagen
que nos entrega esta maravillosa
película y los fantasmas que cada uno de
nosotros se ha inventado de
Raymundo. Entre la catarata de
ideas, sentimientos y reflexiones que
surgen tras la visión del film de
Ardito-Molina, se nos ocurre que entre
sus indiscutibles méritos está el de
hacer dialogar la historia particular de
Raymundo Gleyzer con la historia de
nuestro país. De este choque, de esta
conversación, de este debate, surge un
flujo de imágenes que nunca abandona el
espíritu dialéctico y revolucionario
que poseían las obras de Gleyzer. |
De cómo arte, vida e
ideales se confunden y se tornan inseparables
hasta la misma muerte de un ser humano. Raymundo,
el film, toma la posta dejada por Gleyzer y
continúa tras la huella aún húmeda que él y
tantos otros han dejado en la tierra del cine
argentino. No creemos que exista mejor homenaje
que ese.
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