La Aldea (Night Shyamalan, 2004)
Por Irma Vep

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La Aldea no es
la típica película de Night Shyamalan.
No hay sobresaltos, ni siquiera una gran
cuota de suspenso, sin embargo su sello
está en todas partes. La historia esta
ambientada a fines del siglo XIX en una
aislada comunidad, regida por reglas
estrictas y gobernada por un grupo de
"sabios", que por momentos nos
recuerda a aquella inolvidable aldea
amish de Testigo en peligro. La
vida transcurre apacible salvo por la
permanente amenaza de unas extrañas
criaturas que habitan en el bosque que
circunda la aldea. Desde hace mucho
tiempo, sin embargo, existe una tregua:
si los aldeanos no entran al bosque, las
criaturas no se meten con ellos. Pero
estamos en los Estados Unidos y los
norteamericanos son expertos en esto de
meterse en territorios ajenos.
Eventualmente alguien violará esa
frontera...
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Es difícil no ver en la
aldea de Shyamalan una metáfora de la historia
de los Estados Unidos. Un pueblo obsesionado y
paranoico dispuesto a todo para mantener su forma
de vida "idílica". Una amenaza
exterior roja, para evitar sutilezas, que amenaza
con destruirla. Pero si los aliens de Señales
eran malos, peligrosos y tangibles, Shyamalan
como muchos norteamericanos ha comenzado a darse
cuenta que la peor amenaza no proviene del
exterior sino del interior. Las supuestas
criaturas de las que no puede hablarse son mucho
menos peligrosas que los habitantes de esa aldea
dispuestos a ver morir a sus hijos y vivir en el
oscurantismo con tal de conservar su estilo de
vida. Sin embargo, las nuevas generaciones,
representadas por Lucius (Joaquin Phoenix) y Ivy
(Bryce Dallas Howard) comenzarán a cuestionar
esas reglas. Ivy, que paradójicamente es ciega,
será la única en conocer los secretos que
encierra su comunidad. En el final habrá una
decisión que tomar: seguir viviendo en un
paraíso ficticio o enfrentar la realidad.
Shyamalan parece estar diciendo a los
norteamericanos: "usted decide el 2 de
noviembre si sigue viviendo en la aldea"
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