Eterno resplandor de una mente
sin recuerdos. (Michel Gondry, 2004)
por Jeff Bailey

|
| No
me pidas amor, pídeme
olvido, Julio
Sosa |
Que no se
confunda esta película con algún sueño
futurista, ni con nada que se parezca a
la ciencia ficción. El despliegue
tecnológico que supone la posibilidad de
elegir borrar de nuestra memoria todas
las huellas del recuerdo de alguien que
nos hizo mal (qué no daría a cambio de
una pequeña muestra gratis de ese
producto...) es simplemente un accesorio,
un dato anecdótico que no forma parte
del corazón de esta película (casos
contrarios abundan, pensemos sino en El
vengador del futuro o Días
extraños).
|
La elegía, el viaje que propone Gondry, es
escencialmente romántico. El paradigma
romántico por antonomasía: la posibilidad de un
amor eterno, que atraviese la muerte airoso y se
reconstruya en otro tiempo, otro mundo, otro
planeta, otra historia. En este caso, a través
de un recurso pseudo fantástico (entiéndase por
fántastico esa forma que tiene lo extraño de
inmiscuirse en lo cotidiano que tan bien cultivó
Cortazar), la muerte que se produce es la del
olvido completo y total del otro. Y la maravilla,
eso que es en nosotros más que nosotros mismos,
aparece en volver a elegir a la misma persona,
que ya es otra, un desconocido más en un mundo
de desconocidos.
Me gustó esta película, la idea y las
actuaciones, le ganan la pulseada a cierto
regodeo en el efecto especial, a la elipsis
innecesaria y a todas esas muestras que quiere
dar el director de su destreza narrativa.
|