Furtivos
(José Luis Borau, 1978)
por Jeff Bailey

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En un cineclub me
encontré con esta película española
que me recordó, desde sus primeras
escenas, al mejor Fassbinder de Sólo
quiero que me amen. Angel
encuentra su amor, por casualidad, en la
primer escena. Ella le da todo, por un
vestido nuevo y un poco de comida. Ella
se escapa de la cárcel y él también se
escapa, de la tortura de vivir con una
madre castradora. Pero en sus miradas,
desde el comienzo, algo no cesa de
decirnos que todo va a salir mal, que que
un sino fatal se ciñe sobre ambos. |
Así pasan los minutos de
la película mostrando con una mirada fría,
descarnada y rigurosa, como los personajes
de ese pueblo chico desprecian su flamante
felicidad. Hay una escena clave, terrible,
patética, antecedente fatal de una futura
venganza. Angel desea echar a su madre de la
habitación para poder cogerse a Milagros. Pero
ella se niega, no duda en utilizar la fuerza para
arrancarla de la cama. Hay que ver a la anciana
resistiéndose como garrapata, dejando la vida en
no desprenderse de la cama, pataleando,
arañando, aullando. Esto no le saldrá gratis a
Angelito. Pocas veces vi un final tan trágico,
sin un sólo grito, sin un sólo llanto, sin
estridencias, como un rito todos cumplen el papel
que les toca. No hay protestas ni reclamos,
porque Angel simplemente está haciendo justicia
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