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El
otro (Ariel Rotter / Argentina / 2007)
Parece ya un síntoma de este nuevo cine argentino, o este post –
nuevo cine argentino, la presencia de películas que miran hacia
adentro, cuando no se mirán directamente a sí mismas. Aquí, el
otro (y el mismo) es Julio Chavez, otra presencia recurrente, un
abogado maduro al que le aterra la inminente posibilidad de ser
padre. Un viaje de trabajo será su coartada para poner a prueba su
responsabilidad, finalmente el tema del film. Con la languidez de
El custodio de Rodrigo Moreno, pero sin esa pretensión de
querer ocultar lo que no existe. Apenas un tenue recorrido por las
dudas de un hombre casado.
AFR
(Morten Hartz
Kaplers / Dinamarca / 2006)
Ahora que mezclar
ficción y documental ya resulta moneda corriente, el joven Kaplers
enviste con un perfecto documental cuyo único defecto consiste en
que todo lo que cuenta es pura ficción. Y ese “pequeño” detalle lo
convierte de inmediato en un film político, para los tiempos que
corren casi de barricada. Conviene, después de verla, averiguar
quien es realmente Anders Fogh Rasmussen (A.F.R.) y que ha hecho
en Dinamarca estos últimos años. Una interesante vuelta de tuerca,
a propósito del sentido de los géneros, hoy que las fronteras
entre ellos es tan tenue y su permeabilidad se ha vuelto, muchas
veces, un juego vacío.
Ça Brule
(Claire Simon / Francia – Suiza / 2006)
Pequeña
anécdota de folletín que se transforma poco a poco en metáfora
ominosa. Una adolescente de vacaciones en la Provenza, se enamora
del bombero que la socorre tras un accidente hípico. Parece la
consigna de algún melodrama, incluso de una novela de la tarde.
Con ritmo decididamente estival (moroso, despreocupado), el asedio
de la joven Livia sobre el incauto Jean irá adquiriendo de a poco
su verdadera forma: la de un desaforado final, apenas arruinado
por cierto devaneo místico.
Quei loro encontri
(Danielle Huillet – Jean-Marie Struab / Italia – Francia /
2006)
Es sabido que el cine de Huillet – Straub pertenece a otra
categoría. Cada uno de sus filmes (y este será el último ante la
reciente muerte de ella) nos obliga a preguntarnos nuevamente por
el cine, en un sentido casi ontológico. No es posible comparar,
por un lado están las películas (todo el resto del festival en
este caso) y por otro Huillet – Straub. A partir de ahora sólo
resta ir hacia atrás, para repasar o descubrir cada escrupuloso
momento que estos dos monstruos le regalaron al cine, sacándolo
aunque sea un rato de esa penosa rutina de hacer películas.
Old Joy (Kelly Reichardt / Estados Unidos /
2006)
El corazón de
Old Joy late en los tendidos eléctricos junto a la ruta, en
ese paisaje siempre un poco triste que se completa tras la
ventanilla del auto, efímero, como parte de un permanente pasado.
Por allí transitan Mark y Kurt, dos viejos amigos que emprenden un
pequeño viaje al bosque, en el ajustado tiempo que ahora les deja
sus tan diferentes vidas. Saben, está en la piel del film y no
hace falta explicarlo, que pese al esfuerzo por recuperar la
alegría de antaño, ya nada volverá a ser como ayer. Pocas veces
estuvo tan bien justificado tanto silencio.
Noise (Matthew
Saville / Australia / 2007)
El dudoso
hallazgo de este film australiano está en intentar correrse de los
lugares comunes del policial industrial pero con la intención de
seguir narrando el género. El resultado apenas evidencia la
intención. La historia se pierde en aristas secundarias que
rodean, elidiéndola un poco, la investigación de un crimen atroz,
para desembocar en un final un tanto atolondrado. Para colmo el
film amenaza todo el tiempo con descomponer la banda sonora en
cierta búsqueda experimental, con el pretexto de que su
protagonista (un agente un poco corto de genio) acarrea algunos
problemas de audición. Para encarar tanta audacia, faltó rigor.
Tierney Gearon:
The Mother Proyect (Jack Youngelson – Peter Sutherland /
Estados Unidos – 2006)
Tierney
Gearon es una fotógrafa americana que saltó a la fama hace unos
años cuando en Gran Bretaña se cuestionaron unos trabajo suyos, en
los que se podía ver a sus hijos desnudos. Este documental, un
poco institucional de la artista y sin mayores aportes formales,
nos introduce en una especie de making off de su trabajo,
siempre atravesado por sus relaciones familiares. Y así tras cada
fotografía se dibuja una viñeta de su vida. El resultado es una
colección de apuntes sobre una familia pintorescamente
disfuncional.
Honor de cavallería (Albert Serra / España /
2006)
No es un
error de ortografía, el título del film está en catalán al igual
que los escasos diálogos que contiene. Este provocativo Quijote de
Serra logra lo que parecía imposible: borrar de un plumazo
cuatrocientos años de emblemática hispanidad, borrar la propia
lengua de Cervantes incluso, para revelarnos la extática figura de
aquel trashumante abarrotado de medioevo, enemistado con su tiempo
y abandonado a la voluntad de un Dios en el que ya nadie cree como
antes. Una experiencia única, personalísima y asombrosa.
Música nocturna
(Rafael Filipelli / Argentina / 2007)
No es para justificarlo, pero la
empresa de Filipelli no era fácil: Hacer, en Argentina, una
película sofisticada sobre gente sofisticada: una pareja madura de
intelectuales burgueses que pasea su hastío por una Buenos Aires
soñada. El resultado es elegante, erudito y frío. Las actuaciones
son anacrónicas y muy difíciles de digerir. La película logra
transmitir ese desasosiego que cruza a sus protagonistas, pero
desde una teatralidad muy inconveniente.
Monkey Warfare
(Reginald Harkema / Canadá / 2006)
Dan
y Linda son dos marginales por elección que viven de revender lo
que encuentran en la basura de sus vecinos. Only in Canada,
donde el consumismo rebalsa de tal modo que hasta es capaz de
generar mercados secundarios que lo trascienden o (ingenuamente)
lo desmienten. Por momentos un poco tonta, pero de notable
inteligencia y siempre muy simpática, esta comedia política
canadiense juega con la posibilidad de reírse de la militancia
pero sin anularla, poniéndola en contacto con un presente que
parece no creer en nada. Presentada en diálogo con la célebre
La chinoise, bien sirve como puesta al día del clásico de
Godard. Una pista: Harkema es compaginador de profesión.
Better off in bed
(Reginald Harkema / Canadá / 2004)
Documental sobre dos bandas de
rock de Vancouver que salen de gira, juntas. Una está integrada
por chicas (The Gays) y la otra por chicos (The New
Pornographers), a ninguna de las dos las conoce casi nadie. El
carácter ignoto de los grupos hace posible que el tema del film
sea otro y no la fama. Así Harkema se recuesta sobre el que parece
ser su interés recurrente: las relaciones entre hombres y mujeres.
La escena musical canadiense: tranquila, muy tranquila.
Syndromes and a Century
(Sang sattawat / Apichatpong Weerasethakul / Tailandia –
Francia – Austria – Reino Unido / 2006)
Otro díptico de Weerasethakul que,
nuevamente, logra que el cine valga la pena. La película,
planteada como levemente autobiográfica, nos deja entrever una
línea argumental en su primera mitad, para seguir trabajando con
ella durante la segunda, pero ya sin la sujeción de tener que
actualizarla. Recuerdos que se mezclan, errando por un edifico que
se nos asemeja al mundo. Todo elaborado con la prolijidad de un
arquitecto de sueños, un demiúrgo melancólico y paciente.
Pulqui, un instante en la patria
de la felicidad
(Alejandro Fernández Mouján / Argentina / 2007)
La culpa la tiene Daniel Santoro.
El “artista plástico peronista” quiso hacer una réplica del Pulqui
II (célebre proyecto aeronáutico del General) y se contactó para
ello con un chapista que de lo único que estaba seguro era de no
saber muy bien como fabricar el aparato. El proyecto le sirve a
Mouján para perpetrar un nostálgico viaje por la iconografía del
Movimiento que, acentuada por el pincel de Santoro, adquiere
dimensiones casi mitológicas. Tanta argentinidad junta, impresiona
un poco.
La prestige de la morte
(Luc Moullet / Francia / 2006)
Lo de Moullet parece ser el
absurdo, un absurdo exacerbado, casi surrealista, pero de sentida
inteligencia al mismo tiempo. Como en este caso, en el que se ríe
del funcionamiento del campo cultural frente al tema de la muerte.
El director, que se interpreta a sí mismo, decide fraguar su
deceso para obtener un poco de prensa, con tanta mala suerte que
ese mismo día ¡también se muere Jean Luc Godadrd!, acaso el mejor
chiste del festival. El programa incluye el corto Le litre de
lait, sobre un pobre chico que no quiere ir a buscar leche al
pueblo, porque su madre se acuesta con el marido de la lechara y
todo el mundo lo sabe; tiene su gracia.
Santiago
(Joao Moreira Salles / Brasil / 2006)
El Santiago protagonista de este
documental es un piemontes, criado en la Argentina, que fue
durante treinta años mayordomo de la familia Salles en Río De
Janeiro (la familia de Walter Salles y del director de ésta
película, su hermano Joao). En sus ratos libres, el hombre
recopiló treinta mil hojas mecanografiadas en las que incluye la
historia de todas las familias nobles de la humanidad. Un trabajo
acaso tan monumental como superfluo, pero sin dudas hijo de una
pasión y un amor difíciles de transmitir. Santiago resulta un
personaje entrañable, apenas opacado por un film que se desvive
por mostrarse a sí mismo como más interesante que su protagonista.
Las vacaciones del Sr. Hullot
(Les vacances de Monsieur Hulot / Jacques Tati / Francia /
1953)
En algún punto a los filmes de
otras épocas hay que dejarlos en paz; al no poder dar completa
cuenta de ellos, al no estar en condiciones de reconstruir el
espectador para el que fueron hechos. Incluso en el caso de los
clásicos (esos que trascienden a su espectador), como Las
vacaciones..., una comedia ejemplar hecha por un genio del
humor cinematográfico como Tati. Aquí, en su disfraz de Monsieur
Hullot: severo observador de la realidad que, de un modo similar a
Keaton, hacía reír sin hablar; no por sujetarse a una carencia ya
perimida por la técnica, simplemente porque no necesitaba hacerlo.
Para un verdadero análisis del film, leer “M. Hullot y el tiempo”,
el artículo de André Bazin, acaso el espectador más lúcido que ha
visitado una sala.
El desierto negro
(Gaspar Sheuer / Argentina / 2007)
Entre las leves constantes del
Nuevo Cine Argentino se cuenta la de transcurrir siempre “aquí y
ahora”, siendo reacio incluso al mero flash-back. La ópera
prima de Sheuer podría pasar a la historia como el primer “drama
social folclórico” del nuevo siglo, ese género tan caro al cine
local de antaño. Es una lástima que el resultado sea tan
desparejo. La película tiene serias pretensiones técnicas que
terminan jugándole en contra. La fotografía es soberbia, pero la
banda sonora no deja de molestar un solo instante. La historia se
desvanece promediando el film y algúnas actuaciones son muy
inconvenientes. Gauchos eran los de antes.
200 motels
(Frank Zappa – Tony Palmer – Charles Swenson / Estados Unidos /
1971)
La legendaria ópera-rock de Zappa
es un prodigio de imaginación, mezcla de talento musical y
desenfado cinematográfico. Casi nada tiene demasiado sentido,
apenas el necesario para llevar adelante una idea narrativa que
sirve de pretexto para un viaje de tono lisérgico. Es llamativo el
modo en que las dificultades de producción se evidencian en la
película, pero en lugar de arruinar el resultado lo afirman, como
si ya hubiesen estado previstas. El cine como juego, en manos de
un genio desaforado.
How is your fish
Today?
(Jin tian de yu zen me
yang? / Guo Xiaolu / China – Reino Unido – 2006)
China, un país enorme por donde se
lo miré, es aquí repasado casi turísticamente a partir de una
excusa narrativa no tan original como parece. Un joven escritor,
nacido en el cálido sur, sobrevive en la gran capital mientras
imagina un viaje al gélido norte a través de uno de sus
personajes. El film juega a ir y venir entre la realidad del
escritor y la ficción de su personaje, que se terminan de aunar en
el final a partir de la mirada documental. Un poco pretenciosa,
con algunos momentos de belleza.
Dong
(Jia Zhang-Ke / Hong Kong / 2006)
Con exhaustiva paciencia, Zhang-Ke
retrata la obra del pintor Liu Xiao-Dong, perdiéndose en el
errático itinerario de sus modelos: un grupo de obreros de la
construcción que no deja de simbolizar el traumático nexo entre la
antigua y la nueva China. Pequeño y bello documental presentado en
dupla con Still Life, acaso el revés ficcional de esos
mismos espacios registrados con singular maestría.
146
– 73 = Screen Quota + Korea – US FTA
(Lee Hoonkyu / Corea del Sur / 2006)
Un poco al estilo de aquel cine
político de los setenta, el más urgente y clandestino, el film
recorre la problemática actual del cine coreano, cuyo sistema de
cuota de pantalla se está viendo perjudicado por intereses
políticos abiertamente colonialistas. El país terminó el 2006 con
dos tercios de la taquilla en manos de producciones locales, pese
a haber visto reducida a la mitad sus posibilidades seguras de
exhibición. Las consecuencias del conflicto están sucediendo
ahora, lo que está en juego es la salud y la diversidad del cine
actual, cada día más chato, mediocre y parecido.
La línea recta
(José María de Orbe / España / 2006)
Si la comparación no fuese
imposible y ciertamente inconveniente, podría ser esta una sórdida
versión de Amelie, que despojada del colorido y las buenas
intenciones (y de ese París idealizado) nos muestra a una muchacha
casi autista, completamente enemistada con el mundo, condenada a
sobrevivir en el anodino arrabal de Barcelona. Decidida a reflejar
la absurda cotidianeidad de su protagonista, la película se
muestra como la condensación de los rasgos más tristes de un
sistema que ya hace rato es incapaz de darnos cabida a todos.
Estrictamente pesimista.
Avida
(Benoit Delepine – Gustave de Kervern / Francia / 2006)
Viaje al interior de un delirio
surrealista que no hace mayor distinción entre hombres y animales.
La película comienza con un enano que, con atavío de matador,
enviste a un toro al grito de “viva la muerte”. Continúa con el
mismo espíritu, incluye algunos cameos inesperados, para terminar
con una explicación que no reviste mayor importancia, aunque
pretenda dar cuenta de todo lo transcurrido.
M
(Nicolás Prividera / Argentina / 2007)
A la sombra de Los rubios,
M se proyecta como una lúcida opción para el documental
subjetivo que indaga las heridas que la última dictadura mantiene
abiertas. Menos autoconciente que la de Carri y sin esa pátina un
poco soberbia, la película de Prividera late en la figura de su
realizador (y protagonista), que ve como su perspectiva cambia
conforme transcurre la búsqueda, que es el propio film. Pasando de
una ominosa inquietud, con visos de indignación televisiva, a la
reflexión paciente y algo poética, sin que en la transición se
pierda un ápice de impiedad hacia tanta mentira encubierta.
Men at Work
(Kargaran
mashghoole karand / Mani Haghighi / Irán / 2006)
El cine iraní y la comedia no eran
antónimos después de todo. Unos amigos (posiblemente de Kiarostami)
hacen un alto en el camino a la vuelta de esquiar. Allí dan con
una enrome roca al pie de una cornisa que parece estar pidiendo
que la derriben. A esa tarea, absurda pero definitivamente
irresistible, se consagra el grupo de turistas que, con cada
intento fallido, hace eclosionar alguna cuenta pendiente entre
ellos. Película pequeña y un poco ingenua, pero entretenida. Toda
una rareza de la geografía del cine.
Ziggy Stardust and
The Spiders From Mars
(D. A. Pennabaker / Estados Unidos / 1973)
Pennabaker estuvo en los lugares
correctos en el momento indicado. Este es sólo un caso: el 3 de
julio de 1973, en el Hammersmith Odeon de Londres, cuando David
Bowie se despedía por primera vez de la escena, cerrando la gira
de su disco más mentado y sepultando a su personaje fetiche.
Jornada memorable y monumento glam.
Who Needs Sleep?
(Haskell Wexler / Estados Unidos / 2005)
Pocos lo saben y a casi nadie le
importa: las jornadas laborales de los cuadros técnicos en
Hollywood son inhumanas. Wexler, un veterano del gremio que ya
hace rato no tiene nada que perder, hizo un documental sobre ese
tema. Efectivo, escamoteando el golpe bajo, entretenido, como un
anticuerpo de la propia industria pero con la firma del
responsable. Para que todos nos enteremos que el combustible de la
“fabrica de sueños” de California es la vigilia eterna de unos
cuantos condenados al éxito.
Macunaíma
(Joaquím Pedro de Andrade / Brasil / 1969)
En su intento por acercar el
cinema novo al gran público, Joaquim Pedro de Andrade terminó
construyo el icono de lo brasileño. Una comedia llena de vida y
color, testigo del final de una época feliz para el mundo, desde
la perspectiva de su arrabal: un desatado Brasil, hecho de
viscerales metáforas. Pieza central del cine latinoamericano.
Day Night, Day Night
(Julia Loktev / Estados Unidos – Alemania - Francia / 2006)
Insólito experimento sobre tema
candente. La paranoia de turno en Norteamérica revisada con cierta
pretensión formal. Acaso con las mejores intenciones, el film
intenta relevar los detalles más nimios (esos que a todo lo
vuelven cotidiano) de un hecho trascendente y traumático. La
información escamoteada en este comentario pretende no echar a
perder el misterio que el film irá esclareciendo, tarea que parece
ser su único móvil verdadero.
Woman on the beach
(Haebyuneui yeoin / Hong Sang-soo / Corea del Sur / 2006)
La elegancia que prometía la obra
de Hong Sang-soo se desvanece en este moroso melodrama con el que
uno ya empieza a creer que en oriente, los balnearios sólo se
pueden filmar fuera de temporada.
La marcha sobre
Ezeiza (Carlos Nine /
Argentina / 1973)
La cámara de Nine muestra el
regreso del líder desde las entrañas de su espera, que guarda la
forma de una interminable procesión nacional y popular. Documento
recuperado de un testigo participante de aquel mojón agridulce de
la historia de la miltancia peronista. El programa se completa con
un breve Nosferatu criollo, ¡En peligro!, cuyo Drácula
persigue a su víctima para que se afilie al partido Nueva Fuerza
(¡!), hasta que las manos del Pocho llegan para echar por tierra
tan maléficos planes.
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