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ABC Afríca
(Abbas Kiarostami – Irán / Francia – 2001)
En EL
BAFICI del año pasado, dentro de la sección Territorios en
tensión, se presentó un penoso documental llamado Darwin´s
Nightmare (Hubert Sauper – Francia / Austria / Bélgica –
2004). La película, que hizo carrera en los Estados Unidos y hasta
la nominaron para un Oscar, abordaba la realidad social de un país
africano, Tanzania, apelando a una simplificación televisiva de
los procesos sociales y a un manejo obsceno de los testimonios y
registros conseguidos. Años antes, por pedido del Fondo
Internacional para el Desarrollo Agrícola, Kiarostami viajo junto
con un colaborador a Uganda, el otro país ribereño al lago
Victoria, con el fin de preparar un filme sobre los estragos
ocasionados por el SIDA en esa región del mundo. Pero, de un modo
análogo a los famosos Apuntes para una orestíada africana
de Pasolini, el material registrado en ese viaje de pre-producción
terminó convirtiéndose en el propio film encargado. Si bien los
alcances éticos de esta decisión, la de dar por terminado un
proyecto por encargo en su etapa de preparación, así como la
ambigüedad con que la película finalmente trata el tema que
encara, son atendibles (ver El Amante N°113, pag. 54), en una
comparación con la caterva de panfletos que, como Darwin´s
Nightmare, suelen abordar estas realidades urgentes, el
ensayo editado que Kiarostami perpetró gana por varios
cuerpos, y uno de ellos es el cuerpo humano.
Socrate (Roberto Rossellini – Italia – 1970)
Hollywood
ya ha intervenido tanto nuestra percepción de la historia
(homologando cualquier acontecimiento del pasado a un diseño único
y fungible), que productos como este telefilm italiano, “rodado
íntegramente en España” hace más de treinta años, resultan
extraños y un poco forzados, pese a toda la cercanía cultural que
supone su tema: el famoso epílogo de la vida del gran pensador
griego. Se mezclan la vulgata biográfica con las lecturas
canónicas, en una narración que parece tomar la forma de una
suerte de Pasión pagana. Una certeza nace entre tanto didactismo:
Sócrates tiene que haber sido un sujeto insufrible.
Lives of performers (Yvonne Rainer – Estados Unidos – 1972)
Yvonne
Rainer es una figura central de la escena cultural de los setenta
en los Estados Unidos, precursora de la llamada Post – Modern
Dance y artista multimedia. Ésta es su ópera prima, verdadero
catálogo de posibilidades narrativas. El tema no importa, es un
cliche (como bien explica el propio filme: un lugar común de
las relaciones humanas). El peso está puesto sobre las formas de
contarlo, que son muchas y variadas. El conjunto asoma como una
especie de melodrama deconstruido en tono brechtiano y con
vocación experimental. Atenta, sin embargo, contra un posible
disfrute, un tenaz, precoz, insoslayable y enorme aburrimiento.
Intervista a Salvador Allende: La forza e la ragione (Roberto
Rossellini – Italia – 1971)
Allende
le contesta algúnas preguntas al propio Rossellini en español,
pero lo que escuchamos es un doblaje al italiano y son los
subtítulos los que nos devuelven las palabras del mandatario
chileno, en una versión siempre diferente, no pudiendo ser de otro
modo. Metáfora involuntaria se vuelve este pequeño (gran) detalle
técnico, si tenemos en cuenta que, en la escasa media hora de
diálogo, casi no se habla de otra cosa que del papel de
Latinoamérica en el concierto de las naciones, su atraso y sus
sucesivas dependencias. Nada de esto impidió que la proyección se
cierre con un caluroso y merecido aplauso, homenaje a una figura
política cuya entereza moral guarda hoy en día un tamaño casi
mitológico.
Rice University (Roberto Rossellini – Italia – 1973)
A
una serie de puntillosas entrevistas del director italiano a
diferentes expertos en cuestiones relacionadas con la exploración
del espacio, le sigue una interesante disertación sobre los
posibles cruces entre la divulgación científica y la imagen. La
carrera de Rossellini como realizador está encabalgada con la
aparición y desarrollo de la televisión como medio masivo de
comunicación. Tanto él como también Jean Renoir mostraron en su
momento especial interés por las posibilidades narrativas (y
didácticas) que presentaba esta nueva tecnología. En este trabajo
por encargo se puede ver esa permanente inquietud del autor de
educar a partir de la imagen. A la luz de las tres décadas
transcurridas, el trabajo se presenta como un entrañable exponente
de una TV núnca consolidada y, frente a la realidad actual del
medio, ya casi imposible.
A Letter From Greenpoint (Jons Mekas – Estados Unidos – 2004)
Greenpoint
es algún lugar en Brooklyn, al que Jonas Mekas se muda tras varias
décadas de habitar el Soho de Mahattan. Éste lituano octogenario
es una figura central del cine under de la costa este
norteamericana. Éste trabajo en video es un poco un muestrario de
su carrera imposible de catalogar. Siempre bajo un espíritu de
perpetua embriaguez (de mucho, pero mucho vodka) transcurren estas
apostillas heterogéneas, alrededor de lo que fue la mudanza del
realizador de un barrio a otro de Nueva York. Le cambia las letras
a las canciones que canta, reflexiona a partir de la metafísica
del huevo duro, le propone matrimonio a su gata y se despierta a
mitad de la noche porque no puede conciliar el sueño. Pero todo
eso lo hace con la cámara encendida, por eso sucede esta película,
como muchas de las anteriores, por la pertinacia en no dejar de
grabar núnca.
Last Days (Gus Van Sant – Estados Unidos – 2005)
El
espejo de Elephant posado ahora sobre las últimas horas de
la vida de Kurt Cobain y el comienzo de su leyenda. Van Sant sabe
mejor que nadie que no alcanza con copiar un film (suya es la
innecesaria versión en colores de Psicosis) para obtener
los mismos resultados. Si bien es cierto que no es ilegal copiarse
a uno mismo, bien pueden pensare a partir de este ejemplo cuales
son los limites de un estilo, de un cine de autor. También
se puede pensar que estamos frente a una nueva forma para el
biopic, cuyos lugares comunes hace rato que dejaron de contar
y sólo repiten una estructura obsoleta rellenada con anécdotas del
biografiado de turno.
A Tale of Cinema (Hong Sang-soo – Corea del Sur / Francia –
2005)
¿Qué
una película termine cuando uno cree que va a terminar, puede
servir como fundamento para hablar bien de ella? Como su nombre
parece indicarlo, este film coreano es cine dentro del cine, como
hay tanto. Pero prolijamente camuflado esta vez, tras una pequeña
y sólida historia. Si es posible el oxímoron: todo está contado
con fresca simetría. El resultado es amable y se disfruta.
Loft (Kiyoshi Kurosawa – Corea del Sur / Japón – 2005)
Bien
puede ser ésta una parodia de los nuevos vientos que mueven al
genero de terror desde oriente, o un paso en falso de esa misma
productividad que ya está dando señales de agotamiento. La
película comienza asustando con el fuera de campo y esas secas
apariciones orientales, para terminar echando hasta sus propios
recursos por la borda. Incluye un homenaje a Hitchcock, tan
bizarro como hilarante.
The Aristocrats (Paul
Provenza – Estados Unidos – 2004)
Explicar
un chiste ya es una tarea ingrata, hacer una película de
largometraje sobre un chiste y su explicación parece un
despropósito. Salvo que se trate de algo así como el padre de
todos los chistes. Por espacio de una hora y media se suceden, muy
picadas, entrevistas a la fauna más diversa de comediantes
americanos (desde los más internacionales hasta los más
domésticos, todos menos Jerry Seinfeld), que ofrecen sus variantes
y "aportes teóricos" sobre la tan mentada rutina "The Aristocrats":
que no es más que una estructura argumental simple, con un remate
deliberadamente débil, que da pie para la más libre ejecución de
guarradas verbales. Como documental es un verdadero desafío, el
ritmo conseguido mantiene constate el interés sobre un tema
sumamente acotado. También resulta todo un hallazgo su visón ya
que, contrariamente a lo que sucede con otros exponentes del
género que pueden verse durante este mismo festival, difícilmente
alguien se anime a programar este documental alguna vez en el
cable.
From far away (Thomas
Arslan – Alemania – 2005)
Arslan vuelve a
Turquía, la tierra de sus mayores, y la recorre poniendo el ojo
sobre los detalles que todavía hacen diferentes a los lugares del
mundo: las cosas cotidianas. Dejando la voz over para una
somera indicación. De oeste a este, con la tranquilidad de un
turista y la responsabilidad de quien se sabe comprometido con
cada cuadro que decide recortar, va mostrando el país sin
sobresaltos. Ya muy al este, casi en la frontera con Irán, en el
gran lago de Van, una pequeña isla guarda las ruinas de una
iglesia armenia, vestigio vivo del que fuera el primer genocidio
del siglo XX. Para muestra basta una isla de este pequeño viaje a
la identidad.
Twist of Faith (Kirby
Dick – Estados Unidos – 2004)
No
le falta una sola de las bajezas del documental televisivo, tal
vez porque es un horrible documental televisivo. El tema abordado
son los casos de abuso de menores por parte de miembros de la
iglesia católica norteamericana. Tiene su gracia ver como el
protagonista escogido (una de las víctimas) resulta demasiado
conflictivo para las pobres pretensiones del film que, claro,
quiere poner las cosas en blanco y negro lo más rápido posible.
Una verdadera porquería producida por HBO cuya presencia en la
programación del festival cuesta justificar.
Shadow (Naomi Kawase
– Japón – 2004)
Kawase tiene toda
una reputación dentro del BAFICI, siendo su corta carrera casi
contemporánea a la del festival. Éste, su trabajo más reciente,
resulta una hermosa paradoja sobre la realidad y la ficción de las
cosas filmadas. Todo en breves veinticinco minutos.
Svyato (Victor
Kassakovsky – Rusia – 2005)
Una
somera (y efectiva) puesta en escena, que tienen como único fin
registrar el encuentro de un niño con su imagen en el espejo por
primera vez. El extrañamiento que genera la imagen al concentrarse
por tanto tiempo en una cosa tan cotidiana es asombroso. La
espontaneidad y frescura del pequeño Svyato no se pueden
calificar, simplemente suceden.
The Cat Leaves Home (Nami
Iguchi – Japón – 2004)
Una
especie de Sábado japonés. En alguna zona residencial de un
Tokyo desierto y desconocido, dos parejas se cruzan y entrecruzan
dejando caer en el camino algúnas notas de humor. Una película
adolescente con personajes que ya dejaron de serlo hace un tiempo.
Freedom (Sharunas Vartas – Francia / Lituania / Portugal – 2000)
Sharunas Bartas hace películas con poco planos, realmente muy
pocos. Cada uno de ellos de una composición que raya lo perfecto,
como el de las gaviotas en el puerto al comienzo de este film. La
historia es mínima pero poderosa: tres personajes que intentan
cruzar una frontera que resulta crucial para sus respectivos
futuros. El cuarto protagonista es el espacio (esa frontera
infranqueable), territorio yermo y abierto que ofrece al mismo
tiempo que niega, para completar la tragedia de sus habitantes.
First on the moon (Alexei Fedorchenko – Rusia – 2005)
Falso
documental ruso en el que se sostiene qué, en realidad, fueron los
soviéticos los primeros en llegar a la luna, en el año… 1937. Al
estilo de Zelig (aunque con menos humor y mucho menos
talento), el film se construye a partir de falso material de
archivo, con el cual se cuentan las biografías de los tripulantes
de la legendaria misión. El trabajo de reconstrucción de las
viejas poéticas oficiales está muy bien y el resultado final tiene
su gracia.
Cinéfilos a la intemperie (Carlos O. García / Alfredo Slavutzky
– Argentina – 1989 / 2005)
Se trata de una recopilación en video de algúnas conversaciones
con (y entre) personajes vinculados con la cinefília porteña, de
hace unos quince años. A finales de la década del ochenta, cuando
esta práctica tal como la conocemos (tal como la conocieron
algunos) ya estaba dando signos de evidente deterioro. Entre otros
aparecen Edgardo Chiban, Adolfo Aristarain, Jorge García, Edgardo
Cozarinsky, Gustavo Castagna, Sergio Wolf, los ya fallecidos
Rodrigo Tarruela y Jorge Hacha, quien sostiene que un cinéfilo,
por fuera de su actividad de ver películas, es un completo inútil
en la vida real. Y pone como ejemplo al propio Tarruela: “véanlo
tratando de pelar una manzana ¡la destruye!”
Brothers and Sisters (Thomas Arslan – Alemania – 1996)
En la edición del año pasado del festival, una película francesa
en competencia llamada L´esquive (Abdellatif Kechiche –
2003) hacía algo parecido: Trabajar con actores no profesionales
(jóvenes de un barrio de inmigrantes de una capital europea) sobre
sus problemáticas particulares, en tanto jóvenes y en tanto hijos
de extranjeros. Esta vez Berlín, turcos esta vez. Brothers and
Sisters es bastante anterior y por momentos un poco lánguida.
Todo descansa en el carisma de los chicos que, claro, siempre
puede fallar. Por fuera de las comparaciones, se trata de una
mirada social que, en el peor de los casos, peca de amabilidad.
Pavee Lacken: A Traveler Girl (Perry Odgen – Irlanda – 2005)
Perry Odgen, que en realidad es fotógrafo, hizo la mejor película
del festival. La respuesta a la pregunta de todo cinéfilo la tiene
este film irlandés: la vida es más grande (más importante, más
urgente) que el cine. Con todo lo que aquí no se muestra podría
llenarse la programación de Hallmark por un año. El resto, lo que
realmente importa, está en esta “non - fiction” cinematográfica.
Imprescindible.
Les invisibles (Thierry Jousse – Francia – 2005)
Bruno compone música concreta o algo parecido, trabaja con los
sonidos que escucha. La película la vemos por sus ojos, o mejor
dicho por sus oídos. Porque aquí lo que importa es escuchar bien.
Film romántico con visos de suspenso que, promediando, se pone
lyncheana. Pero no alcanza a desarrollarse la pesadilla completa
cuando vuelve a un medio tono del que ya no sale más. De onírico
pasa a risueño, sin solución de continuidad. Interesante, parece
convencional pero guarda un (pequeño) secreto.
The Forsaken Land (Vimukthi Jayasundara – Francia / Sri Lanka –
2005)
Bodrio pintoresco que pretende ser un film político, una denuncia
sobre crímenes de una guerra olvidada. Incluye el plano más feo y
gratuito de toda la muestra. No se sabe que cuenta porque, para
colmo, tiene delirios de film de arte y sus protagonistas no son
de hablar mucho. Si hay una historia, ésta se pierde rápidamente
en una suerte de naturalismo mágico para colmo, de fotografía
impecable.
Mon Jules Verne (Patricio Guzman – Francia / Canadá / Alemania
– 2005)
Delicioso paseo del documentalista chileno Patricio Guzman (La
batalla de Chile, Salvador Allende) por las imaginaciones de
su admirado Julio Verne, por tierra, por aire y por mar. Como una
flor de papel que se despliega en mil aventuras, que van ficticias
y vuelven reales. Todo forjado con delicado buen gusto.
William Eggleston`s Stranded in Canton (William J. Eggleston –
Estados Unidos – 1973 / 2005)
Eggleston, famoso fotógrafo americano, se compró una cámara de
video en el año 1974. Y, como haría cualquiera, sin ser fotógrafo
ni famoso, se puso a grabar a los amigos. Un montón, de amigos y
de grabaciones. Éste es en montaje reciente de todo ese material,
cuyo dudoso interés podría estar relacionado con las posibilidades
que el nuevo soporte (el video) ofrece a las manos de una artista
de las imágenes. Por lo demás, los amigos que aparecen son todos
distintas versiones del sujeto de la casa de fotografía de That 70´s
Show. No hay narración de nada, ni siquiera tiene la forma de un
documental. Sólo secuencias aleatorias con personajes que, a los
cinco minutos, dan ganas de patearles la cabeza. Cada tanto algún
blusero de Nueva Orleáns calma un poco los ánimos.
Porno (Homero Cirelli – Argentina – 2005)
¿Habrá que juzgar a la película por la calidad de sus metáforas?
Típica escena de sexo lésbico, corte directo a… una pava
calentando agua. Es el rodaje de un film pornográfico (argentino,
en una quinta cerca de Ezeiza durante un fin de semana), con toda
la estética de making off, manipulado (bien dicen los
títulos del final) para que, cada tanto, tienda a la
experimentación formal. Y el sonido directo se desarma, y la
cámara se pone a deambular por el patio, o cambia el plano
quirúrgico (ese de los genitales en plena acción ocupando toda la
pantalla) por algún detalle subalterno y contemporáneo: una
hormiga transportando una hoja en el borde de la piscina.
Como pasando de un trabajo a otro. Es que, con inevitable humor,
lo que hace Cirelli es desarmar la fantasía del género para
devolvernos su revés material. Deteniéndose en las menudencias de
sus personajes, pintándolos finalmente, como una versión moderna
de aquellas “románticas proletarias del amor” que decía Horacio
Ferrer.
The Well (Kristian Petri – Suecia – 2004)
El documentalista sueco Cristian Petri recorre España tras las
huellas que el paso del inmenso Orson Welles pudo haber dejado en
esa tierra. Emulando, dice él, al periodista que busca la
explicación de "Rosebud" en El ciudadano. Claro que no hay
trineos reveladores en este caso. Las personas son siempre más
herméticas que sus obras. Los testimonios, el recorrido, sirven de
todos modos para bosquejar a ese genio mundano que se podía comer
una paella para tres personas, mientras pensaba como seguir
rodando su núnca concluido "Don Quijote". El propio Orson nos
deja, como al pasar, la mejor descripción de la fiesta brava: “es
una tragedia en tres actos”.
La perrera (Manuel Nieto – Uruguay / Argentina / España / Alemania
/ Canadá / Francia – 2005)
Acto fallido de cierto nuevo cine argentino... en el Uruguay.
Junta algo del cine de Lisandro Alonso (un aroma) con los
personajes de Ezequiel Acuña, para terminar haciendo de dos cosas
buenas una mala. La música es formidable, e ilumina los pocos
momentos del film que no se hunden en el costumbrismo más ramplón.
El último trabajo de Martín Adjemián para la pantalla grande.
Linda, linda, linda (Nobuhiro Yamashita – Japón – 2005)
La película más linda del festival. Versión japonesa de Escuela
de rock, pero en un tono más melancólico, más íntimo. Fresca,
respetuosa con sus personajes: esos adolescentes que, en el cine
occidental (como si tal categoría existiese), suelen caer tan
fácilmente bajo el yugo de la moralina, el estereotipo y el
prejuicio. Las cuatro chicas de la banda son encantadoras, y sus
amigas también.
Le domaine perdu (Raoul Ruiz – Francia / Rumania / España /
Italia - 2005)
Raoul (a.k.a. Raúl) Ruiz conoce mejor que nadie el modo arbitrario
en que funciona la memoria, tan parecido a la lógica del sueño,
¡tan parecido al cine! Le domaine perdu es una película
soñada, que quedo impresa en el nitrato por algún extraño
artificio. Una belleza que se disfruta con los ojos bien abiertos.
In The Memory of a Day Gone By (Sharunas Bartas – Lituania – 1990)
Los detalles cotidianos de un día transcurrido en las calles de
alguna ciudad de la Unión Soviética, desde la perspectiva de
quienes las habitan. Excelente mediometraje documental (trabajo
inicial del realizador), cuya delicada composición de cada plano
ya anuncia el tono de toda su filmografía futura.
Three Days (Sharunas Bartas – Unión Soviética – 1991)
Tres días de un grupo de jóvenes errando por Kaliningrado;
contados con esa anémica justeza de las primeras películas de
Jarmush, en las que la comunicación entre los personajes parecía
imposible y a cámara se limitaba a tomar ese lánguido vacío.
Screaming Masterpiece (Ari Alexander Ergis Magnússon – Islandia
/ Dinamarca / Holanda – 2004)
Islandia es un país imposible: 300.000 personas varadas en un
gélido cascote en medio del océano. Aun más increíble que su mera
existencia, es la posibilidad de un campo cultural más o menos
productivo en esas condiciones. Este colorido y poderoso
documental se ocupa de actualizar ese milagro, por medio de un
recorrido por las variadas expresiones musicales que florecen en
ese territorio tan yermo. Todo parece indicar que Bjork está lejos
de ser una excepción.
Soledad al fin del mundo (Fernando Zuber y Carlos Casas –
Argentina / Italia – 2005)
Recuerda, este pequeño documental argentino, algunos pasajes de
Sokurov, los más fríos (A humble life o el increíble
comienzo de Spiritual voices). Durante una hora, apenas si
nos asomamos (como pidiendo permiso) a la vida de tres habitantes
de la Tierra del
Fuego, cuyas labores más banales el contexto las vuelve épicas.
Cumple con la premisa, sin aburrir, de presentar la ausencia en su
estado más natural. Se siente la soledad en todo el cuerpo, y el
frío también.
Los próximos pasados (Lorena Muñoz – Argentina – 2006)
Ya en el título está toda la denuncia de este nuevo documental de
Lorena Muñoz (Yo no sé que me han hecho tus ojos)
que aborda otro mito argentino que se perderá en la noche de los
tiempos. El trabajo es preciso, sin perder el vuelo que resulta
imprescindible para poder contar cómo una obra de arte (el mural
que Siqueiros pintó en la quinta de Natalio Botana en Don
Torcuato) se está apagando de a poco y sin retorno, dentro de un
húmedo y olvidado contenedor portuario.
Sangre (Amat Escalante – México / Francia – 2004)
Sórdida es la historia que esta película mexicana quiere contar.
Amplio es el abanico de formas al que apela. Siempre desde una
planificación austera que por momentos le apunta a Bresson. La
película es rara, afectada, cansina. Sus personajes son terribles
en su laconismo. Película seca, despojada, ni créditos tiene.
Faust (Jan Svankmajer – República Checa / Francia / Alemania /
Reino Unido – 1994)
El surrealismo en el cine es un capítulo difuso de las historias,
pero no para Svankmajer. Un verdadero cadáver exquisito resulta
este Fausto checo, hecho a partir de materiales tan diversos como
asombrosos. Y su autor, como todo surrealista, es una persona muy
seria. Párrafo aparte para la traductora (checo – español), una
verdadera profesional, que tomaba nota de lo que el realizador
decía, para poder dar una mejor interpretación de las respuestas.
Tal vez estaba inventado todo (ni Svankmajer ni nosotros nos vamos
a enterar nunca), pero las respuestas sonaban impecables.
Fantomes
(Jean-Paul Civeyrac – Francia – 2001)
Al comienzo de
Carretera perdida de David Lynch, hay un momento
escalofriante. Durante una fiesta, un señor de aspecto diabólico
(el actor Robert Blake, que luego fue preso por asesinar a su
mujer) se le acerca a Bill Pullman y le da un teléfono. Éste lo
atiende y por el altavoz escucha al mismo señor (de aspecto
diabólico) que tiene enfrente, diciéndole que en ese momento se
encuentra en su casa. Ésta película francesa atraviesa ciertas
fantasías parecidas. Como en esa otra, extraña y un poco fallida,
película de Thomas Winteberg, en la que todo es normal salvo que
la gente se muere súbitamente en las calles y en cierto lugar de
Africa ya no hay gravedad. Aquí también todo se rige por el
realismo más severo, sólo que a algunos les da por desaparecer y a
otros por estar, ya habiéndose ido.
Los suicidas
(Juan Villegas – Argentina – 2005)
Igual que en
Sábado: los desayunos, las cocinas luminosas, Camila Toker,
conversaciones remilgadas. Ahora se le agrega una voz over
(son o parecen citas literales de la novela de Antonio De
Benedetto), con la que Hendler, en su eterno papel de sí mismo,
lleva adelante una investigación policial (su profesión es la de
periodista) que deviene rápidamente en la historia de sus
relaciones sentimentales. La nueva película de Villegas tiene
gusto a poco.
El amarillo
(Sergio Mazza – Argentina –2006)
Todo sucede cerca de
un pueblo de Entre Ríos llamado La Paz. A un prostíbulo de campo,
llamado El amarillo, llega un muchacho (muy) de Buenos Aires y,
entre canciones y color local, se toma unos mates con la pulpera.
Ópera prima que mezcla tenuemente su línea argumental con
registros que parecen documentales. Se deja ver ese ambiente
cansino de los pueblos de tierra adentro, mezclado con los
delicados interludios musicales de la sorprendente Mercedes
Oliveira.
Bill Douglas:
Intent on Getting the Image (Andy Kimpton-Nye – Reino Unido –
2005)
Pequeño documental
sobre el hijo de una humilde familia de mineros escoceses que
llegó a gozar de cierto renombre como realizador en la década del
70. Más allá de la calidad de su obra, el camino de Bill Douglas
no deja de ser una rareza dentro de un arte como el cine:
entretenimiento para burgueses, hecho por burgueses.
Trois ponts sur la
riviere (Jean-Caude Biette – Francia / Portugal – 1998)
El
comienzo es parecido al de otra película francesa en competencia.
Pero lo que en aquella llevaba a cierta distorsión de los sentidos
aquí se queda trunco, completándose con un paseo por Lisboa que
con el paso de los minutos exaspera.
La leyenda del tiempo
(Isaki Lacuesta – España – 2005)
Con cierto aire a
los Fantasmas de Tanger de Cozarinsky, aquí dos personajes
se cruzan en San Fernando, la tierra de Camarón de la Isla, esa
leyenda del cante andaluz. Por un lado una muchacha oriental que
deja todo para ir tras el tan mentado embrujo que habita los
tablados. Por el otro lado un niño, obligado a crecer a los golpes
en la tradición que implica ser gitano. Con esa textura que no
deja distinguir fácilmente la ficción del documento, las dos
historias transcurren paralelas, como ejemplos del enorme peso de
un mito reciente (el de Camarón, muerto joven y en forma trágica),
que es leyenda cultural y realidad social al mismo tiempo.
Tom (Mike Hoolboom –
Canadá – 2002)
Un año antes que
Jonathan Caouette revelara su tormentosa vida en Tarnation,
apelando a su archivo personal y a fuentes de lo más diversas, el
canadiense Mike Hoolboom, sin el padrinazgo de Gus Van Sant,
compuso esta biografía sobre un cineasta amigo suyo llamado Tom
Chomont, ya fallecido víctima del SIDA. El film no sólo abreva en
fuentes similares a las de Caouette, le agrega también un festivo
uso del metraje encontrado. El tema, la biografía de un moribundo,
se solapa con el juego formal, completando un proyecto
interesante, que resulta duro de ver y difícil de digerir.
Seven Invisible Men (Sharunas
Bartas – Francia / Lituania / Portugal / Holanda – 2005)
El último film de
Sharunas Bartas da la sensación de ser infinito, menos por su
densidad que por el laconismo de sus personajes, que casi no dejan
resquicios para la posibilidad de un desenlace. Todo avanza con
una extrema parquedad; un súbito incidente será el que termine con
todo, con todos y con el film.
Coming Apart (Milton
Moses Ginsberg – Estados Unidos – 1969)
En uno de sus
primeros trabajos para el cine, Rip Torn (el agente Zed de
Hombres de negro), interpreta a un psiquiatra que cita mujeres
en su departamento y registra los encuentros con una cámara
oculta. Toda la película consiste en un montaje de esos registros,
algunos graciosos, otros más tensos; conforme transcurren los
minutos, todos resultan igual de tediosos. El riesgo formal
termina opacado por la repetición. El hastío que gobierna a los
personajes finalmente se impone sobre la platea también.
Before Born (Zhang
Ming – China –2005)
Personajes que se
cruzan en una villa balnearia fuera de temporada, tras la pista de
alguien que va a permanecer ausente. Con algo de La aventura
de Antonioni y un humor bastante seco, se solapa una historia con
otra que parece su repetición, pero un giro más tarde.
Three Times (Hou
Hsiao-hsien – Taiwan – 2005)
Taiwan es el marco
para estas tres historias de amor, que transcurren en tres épocas
diferentes. A cada una de ellas la maestría de H.H.H. le otorga
una textura particular, tan acertada como bella. El resultado
final es un sincero gesto de devoción hacia el cine, a partir de
todas las cosas hermosas que todavía se pueden contar apelando a
las imágenes y a los sonidos.
Argentina, Mayo de
1969: el camino de la liberación (“Realizadores de Mayo”: Rodolfo
Kuhn / Jorge Martín “Catú” / Humberto Ríos / Octavio Getino /
Eliseo Subiela / Pablo Szir / Mauricio Berú / Rubén Salguero /
Nemesio Juarez – Argentina – 1969)
Una obra fundamental
del cine de intervención política en la Argentina que se creía
perdida desde hace décadas. Ya lejano el fragor social que le dio
origen, el film deja ver claramente la diversidad de su factura,
que involucró a realizadores del más variado cúneo. Habiéndose
realizado y exhibido en la clandestinidad durante la dictadura de
Juan Carlos Onganía, ver el film en la cómoda sala de un museo
privado, no deja de ser una experiencia un tanto risueña.
We Can´t Go Home
Again (Nicholas Ray – Estados Unidos – 1976)
Ya en el final de su
carrera, justo antes de Lightning Over Water (esa especie
de documental junto a Win Wenders que sería su epitafio), Nicholas
Ray construyó con algunos alumnos suyos esta verdadera artesanía
cinematográfica. Mezclando materiales registrados en diversos
soportes y apelando a técnicas propias de la más cerrada
vanguardia, resuelve esta obra que, además, transpira todo el
tiempo esa irreverente vitalidad de los años setenta.
Electric Edwardians
(Sagar Mitchell y James Kenyon – Reino Unido – 1900 / 1906)
Al estilo de esas
remotas exhibiciones de principios del siglo XX, el historiador
Tom Gunning iba comentando las imágenes de estas vistas de
reciente restauración. Se trata justamente de la colección
Mitchell & Kenyon, productora pionera del cine en Inglaterra. El
archivo tiene un gran valor histórico y nos devuelve, además, la
vida cotidiana de la clase obrera inglesa de hace cien años, que
era protagonista y espectadora al mismo tiempo de todo aquel
espectáculo ambulante, del que aquí podemos ver una apretada pero
representativa muestra.
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