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El BAFICI 2006 en 50 veces 5 líneas

por Marcos Adrián Pérez Llahí


 
 

ABC Afríca (Abbas Kiarostami – Irán / Francia – 2001)


En EL BAFICI del año pasado, dentro de la sección Territorios en tensión, se presentó un penoso documental llamado Darwin´s Nightmare (Hubert Sauper – Francia / Austria / Bélgica – 2004). La película, que hizo carrera en los Estados Unidos y hasta la nominaron para un Oscar, abordaba la realidad social de un país africano, Tanzania, apelando a una simplificación televisiva de los procesos sociales y a un manejo obsceno de los testimonios y registros conseguidos. Años antes, por pedido del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, Kiarostami viajo junto con un colaborador a Uganda, el otro país ribereño al lago Victoria, con el fin de preparar un filme sobre los estragos ocasionados por el SIDA en esa región del mundo. Pero, de un modo análogo a los famosos Apuntes para una orestíada africana de Pasolini, el material registrado en ese viaje de pre-producción terminó convirtiéndose en el propio film encargado. Si bien los alcances éticos de esta decisión, la de dar por terminado un proyecto por encargo en su etapa de preparación, así como la ambigüedad con que la película finalmente trata el tema que encara, son atendibles (ver El Amante N°113, pag. 54), en una comparación con la caterva de panfletos que, como Darwin´s Nightmare, suelen abordar estas realidades urgentes, el ensayo editado que Kiarostami perpetró gana por varios cuerpos, y uno de ellos es el cuerpo humano.

 


Socrate (Roberto Rossellini – Italia – 1970)


Hollywood ya ha intervenido tanto nuestra percepción de la historia (homologando cualquier acontecimiento del pasado a un diseño único y fungible), que productos como este telefilm italiano, “rodado íntegramente en España” hace más de treinta años, resultan extraños y un poco forzados, pese a toda la cercanía cultural que supone su tema: el famoso epílogo de la vida del gran pensador griego. Se mezclan la vulgata biográfica con las lecturas canónicas, en una narración que parece tomar la forma de una suerte de Pasión pagana. Una certeza nace entre tanto didactismo: Sócrates tiene que haber sido un sujeto insufrible.

 


Lives of performers (Yvonne Rainer – Estados Unidos – 1972)


 Yvonne Rainer es una figura central de la escena cultural de los setenta en los Estados Unidos, precursora de la llamada Post – Modern Dance y artista multimedia. Ésta es su ópera prima, verdadero catálogo de posibilidades narrativas. El tema no importa, es un cliche (como bien explica el propio filme: un lugar común de las relaciones humanas). El peso está puesto sobre las formas de contarlo, que son muchas y variadas. El conjunto asoma como una especie de melodrama deconstruido en tono brechtiano y con vocación experimental. Atenta, sin embargo, contra un posible disfrute, un tenaz, precoz, insoslayable y enorme aburrimiento.

 


Intervista a Salvador Allende: La forza e la ragione (Roberto Rossellini – Italia – 1971)


 Allende le contesta algúnas preguntas al propio Rossellini en español, pero lo que escuchamos es un doblaje al italiano y son los subtítulos los que nos devuelven las palabras del mandatario chileno, en una versión siempre diferente, no pudiendo ser de otro modo. Metáfora involuntaria se vuelve este pequeño (gran) detalle técnico, si tenemos en cuenta que, en la escasa media hora de diálogo, casi no se habla de otra cosa que del papel de Latinoamérica en el concierto de las naciones, su atraso y sus sucesivas dependencias. Nada de esto impidió que la proyección se cierre con un caluroso y merecido aplauso, homenaje a una figura política cuya entereza moral guarda hoy en día un tamaño casi mitológico.

 


Rice University (Roberto Rossellini – Italia – 1973)


 A una serie de puntillosas entrevistas del director italiano a diferentes expertos en cuestiones relacionadas con la exploración del espacio, le sigue una interesante disertación sobre los posibles cruces entre la divulgación científica y la imagen. La carrera de Rossellini como realizador está encabalgada con la aparición y desarrollo de la televisión como medio masivo de comunicación. Tanto él como también Jean Renoir mostraron en su momento especial interés por las posibilidades narrativas (y didácticas) que presentaba esta nueva tecnología. En este trabajo por encargo se puede ver esa permanente inquietud del autor de educar a partir de la imagen. A la luz de las tres décadas transcurridas, el trabajo se presenta como un entrañable exponente de una TV núnca consolidada y, frente a la realidad actual del medio, ya casi imposible.

 

 

A Letter From Greenpoint (Jons Mekas – Estados Unidos – 2004)


 Greenpoint es algún lugar en Brooklyn, al que Jonas Mekas se muda tras varias décadas de habitar el Soho de Mahattan. Éste lituano octogenario es una figura central del cine under de la costa este norteamericana. Éste trabajo en video es un poco un muestrario de su carrera imposible de catalogar. Siempre bajo un espíritu de perpetua embriaguez (de mucho, pero mucho vodka) transcurren estas apostillas heterogéneas, alrededor de lo que fue la mudanza del realizador de un barrio a otro de Nueva York. Le cambia las letras a las canciones que canta, reflexiona a partir de la metafísica del huevo duro, le propone matrimonio a su gata y se despierta a mitad de la noche porque no puede conciliar el sueño. Pero todo eso lo hace con la cámara encendida, por eso sucede esta película, como muchas de las anteriores, por la pertinacia en no dejar de grabar núnca.

 

 

Last Days (Gus Van Sant – Estados Unidos – 2005)


 El espejo de Elephant posado ahora sobre las últimas horas de la vida de Kurt Cobain y el comienzo de su leyenda. Van Sant sabe mejor que nadie que no alcanza con copiar un film (suya es la innecesaria versión en colores de Psicosis) para obtener los mismos resultados. Si bien es cierto que no es ilegal copiarse a uno mismo, bien pueden pensare a partir de este ejemplo cuales son los limites de un estilo, de un cine de autor. También se puede pensar que estamos frente a una nueva forma para el biopic, cuyos lugares comunes hace rato que dejaron de contar y sólo repiten una estructura obsoleta rellenada con anécdotas del biografiado de turno.

 


A Tale of Cinema (Hong Sang-soo – Corea del Sur / Francia – 2005)


 ¿Qué una película termine cuando uno cree que va a terminar, puede servir como fundamento para hablar bien de ella? Como su nombre parece indicarlo, este film coreano es cine dentro del cine, como hay tanto. Pero prolijamente camuflado esta vez, tras una pequeña y sólida historia. Si es posible el oxímoron: todo está contado con fresca simetría. El resultado es amable y se disfruta.

 

 

Loft (Kiyoshi Kurosawa – Corea del Sur / Japón – 2005)


 Bien puede ser ésta una parodia de los nuevos vientos que mueven al genero de terror desde oriente, o un paso en falso de esa misma productividad que ya está dando señales de agotamiento. La película comienza asustando con el fuera de campo y esas secas apariciones orientales, para terminar echando hasta sus propios recursos por la borda. Incluye un homenaje a Hitchcock, tan bizarro como hilarante.

 

 

The Aristocrats (Paul Provenza – Estados Unidos – 2004)


 Explicar un chiste ya es una tarea ingrata, hacer una película de largometraje sobre un chiste y su explicación parece un despropósito. Salvo que se trate de algo así como el padre de todos los chistes. Por espacio de una hora y media se suceden, muy picadas, entrevistas a la fauna más diversa de comediantes americanos (desde los más internacionales hasta los más domésticos, todos menos Jerry Seinfeld), que ofrecen sus variantes y "aportes teóricos" sobre la tan mentada rutina "The Aristocrats": que no es más que una estructura argumental simple, con un remate deliberadamente débil, que da pie para la más libre ejecución de guarradas verbales. Como documental es un verdadero desafío, el ritmo conseguido mantiene constate el interés sobre un tema sumamente acotado. También resulta todo un hallazgo su visón ya que, contrariamente a lo que sucede con otros exponentes del género que pueden verse durante este mismo festival, difícilmente alguien se anime a programar este documental alguna vez en el cable.

 

 

From far away (Thomas Arslan – Alemania – 2005)


Arslan vuelve a Turquía, la tierra de sus mayores, y la recorre poniendo el ojo sobre los detalles que todavía hacen diferentes a los lugares del mundo: las cosas cotidianas. Dejando la voz over para una somera indicación. De oeste a este, con la tranquilidad de un turista y la responsabilidad de quien se sabe comprometido con cada cuadro que decide recortar, va mostrando el país sin sobresaltos. Ya muy al este, casi en la frontera con Irán, en el gran lago de Van, una pequeña isla guarda las ruinas de una iglesia armenia, vestigio vivo del que fuera el primer genocidio del siglo XX. Para muestra basta una isla de este pequeño viaje a la identidad.

 

 

Twist of Faith (Kirby Dick – Estados Unidos – 2004)


 No le falta una sola de las bajezas del documental televisivo, tal vez porque es un horrible documental televisivo. El tema abordado son los casos de abuso de menores por parte de miembros de la iglesia católica norteamericana. Tiene su gracia ver como el protagonista escogido (una de las víctimas) resulta demasiado conflictivo para las pobres pretensiones del film que, claro, quiere poner las cosas en blanco y negro lo más rápido posible. Una verdadera porquería producida por HBO cuya presencia en la programación del festival cuesta justificar.

 

 

Shadow (Naomi Kawase – Japón – 2004)


 Kawase tiene toda una reputación dentro del BAFICI, siendo su corta carrera casi contemporánea a la del festival. Éste, su trabajo más reciente, resulta una hermosa paradoja sobre la realidad y la ficción de las cosas filmadas. Todo en breves veinticinco minutos.

 

 

Svyato (Victor Kassakovsky – Rusia – 2005)


 Una somera (y efectiva) puesta en escena, que tienen como único fin registrar el encuentro de un niño con su imagen en el espejo por primera vez. El extrañamiento que genera la imagen al concentrarse por tanto tiempo en una cosa tan cotidiana es asombroso. La espontaneidad y frescura del pequeño Svyato no se pueden calificar, simplemente suceden.

 

 

The Cat Leaves Home (Nami Iguchi – Japón – 2004)


 Una especie de Sábado japonés. En alguna zona residencial de un Tokyo desierto y desconocido, dos parejas se cruzan y entrecruzan dejando caer en el camino algúnas notas de humor. Una película adolescente con personajes que ya dejaron de serlo hace un tiempo.

 

 

Freedom (Sharunas Vartas – Francia / Lituania / Portugal – 2000)


 Sharunas Bartas hace películas con poco planos, realmente muy pocos. Cada uno de ellos de una composición que raya lo perfecto, como el de las gaviotas en el puerto al comienzo de este film. La historia es mínima pero poderosa: tres personajes que intentan cruzar una frontera que resulta crucial para sus respectivos futuros. El cuarto protagonista es el espacio (esa frontera infranqueable), territorio yermo y abierto que ofrece al mismo tiempo que niega, para completar la tragedia de sus habitantes.

 


First on the moon (Alexei Fedorchenko – Rusia – 2005)


 Falso documental ruso en el que se sostiene qué, en realidad, fueron los soviéticos los primeros en llegar a la luna, en el año… 1937. Al estilo de Zelig (aunque con menos humor y mucho menos talento), el film se construye a partir de falso material de archivo, con el cual se cuentan las biografías de los tripulantes de la legendaria misión. El trabajo de reconstrucción de las viejas poéticas oficiales está muy bien y el resultado final tiene su gracia.

 


Cinéfilos a la intemperie (Carlos O. García / Alfredo Slavutzky – Argentina – 1989 / 2005)


Se trata de una recopilación en video de algúnas conversaciones con (y entre) personajes vinculados con la cinefília porteña, de hace unos quince años. A finales de la década del ochenta, cuando esta práctica tal como la conocemos (tal como la conocieron algunos) ya estaba dando signos de evidente deterioro. Entre otros aparecen Edgardo Chiban, Adolfo Aristarain, Jorge García, Edgardo Cozarinsky, Gustavo Castagna, Sergio Wolf, los ya fallecidos Rodrigo Tarruela y Jorge Hacha, quien sostiene que un cinéfilo, por fuera de su actividad de ver películas, es un completo inútil en la vida real. Y pone como ejemplo al propio Tarruela: “véanlo tratando de pelar una manzana ¡la destruye!”

 


Brothers and Sisters (Thomas Arslan – Alemania – 1996)


En la edición del año pasado del festival, una película francesa en competencia llamada L´esquive (Abdellatif Kechiche – 2003) hacía algo parecido: Trabajar con actores no profesionales (jóvenes de un barrio de inmigrantes de una capital europea) sobre sus problemáticas particulares, en tanto jóvenes y en tanto hijos de extranjeros. Esta vez Berlín, turcos esta vez. Brothers and Sisters es bastante anterior y por momentos un poco lánguida. Todo descansa en el carisma de los chicos que, claro, siempre puede fallar. Por fuera de las comparaciones, se trata de una mirada social que, en el peor de los casos, peca de amabilidad.

 

 

Pavee Lacken: A Traveler Girl (Perry Odgen – Irlanda – 2005)


Perry Odgen, que en realidad es fotógrafo, hizo la mejor película del festival. La respuesta a la pregunta de todo cinéfilo la tiene este film irlandés: la vida es más grande (más importante, más urgente) que el cine. Con todo lo que aquí no se muestra podría llenarse la programación de Hallmark por un año. El resto, lo que realmente importa, está en esta “non - fiction” cinematográfica. Imprescindible.

 


Les invisibles (Thierry Jousse – Francia – 2005)


Bruno compone música concreta o algo parecido, trabaja con los sonidos que escucha. La película la vemos por sus ojos, o mejor dicho por sus oídos. Porque aquí lo que importa es escuchar bien. Film romántico con visos de suspenso que, promediando, se pone lyncheana. Pero no alcanza a desarrollarse la pesadilla completa cuando vuelve a un medio tono del que ya no sale más. De onírico pasa a risueño, sin solución de continuidad. Interesante, parece convencional pero guarda un (pequeño) secreto.

 


The Forsaken Land (Vimukthi Jayasundara – Francia / Sri Lanka – 2005)


Bodrio pintoresco que pretende ser un film político, una denuncia sobre crímenes de una guerra olvidada. Incluye el plano más feo y gratuito de toda la muestra. No se sabe que cuenta porque, para colmo, tiene delirios de film de arte y sus protagonistas no son de hablar mucho. Si hay una historia, ésta se pierde rápidamente en una suerte de naturalismo mágico para colmo, de fotografía impecable.

 


Mon Jules Verne (Patricio Guzman – Francia / Canadá / Alemania – 2005)


Delicioso paseo del documentalista chileno Patricio Guzman (La batalla de Chile, Salvador Allende) por las imaginaciones de su admirado Julio Verne, por tierra, por aire y por mar. Como una flor de papel que se despliega en mil aventuras, que van ficticias y vuelven reales. Todo forjado con delicado buen gusto.

 


William Eggleston`s Stranded in Canton (William J. Eggleston – Estados Unidos – 1973 / 2005)


Eggleston, famoso fotógrafo americano, se compró una cámara de video en el año 1974. Y, como haría cualquiera, sin ser fotógrafo ni famoso, se puso a grabar a los amigos. Un montón, de amigos y de grabaciones. Éste es en montaje reciente de todo ese material, cuyo dudoso interés podría estar relacionado con las posibilidades que el nuevo soporte (el video) ofrece a las manos de una artista de las imágenes. Por lo demás, los amigos que aparecen son todos distintas versiones del sujeto de la casa de fotografía de That 70´s Show. No hay narración de nada, ni siquiera tiene la forma de un documental. Sólo secuencias aleatorias con personajes que, a los cinco minutos, dan ganas de patearles la cabeza. Cada tanto algún blusero de Nueva Orleáns calma un poco los ánimos.

 

 

Porno (Homero Cirelli – Argentina – 2005)


¿Habrá que juzgar a la película por la calidad de sus metáforas? Típica escena de sexo lésbico, corte directo a… una pava calentando agua. Es el rodaje de un film pornográfico (argentino, en una quinta cerca de Ezeiza durante un fin de semana), con toda la estética de making off, manipulado (bien dicen los títulos del final) para que, cada tanto, tienda a la experimentación formal. Y el sonido directo se desarma, y la cámara se pone a deambular por el patio, o cambia el plano quirúrgico (ese de los genitales en plena acción ocupando toda la pantalla) por algún detalle subalterno y contemporáneo: una hormiga transportando una hoja en el borde de la piscina. Como pasando de un trabajo a otro. Es que, con inevitable humor, lo que hace Cirelli es desarmar la fantasía del género para devolvernos su revés material. Deteniéndose en las menudencias de sus personajes, pintándolos finalmente, como una versión moderna de aquellas “románticas proletarias del amor” que decía Horacio Ferrer.

 

 

The Well (Kristian Petri – Suecia – 2004)


El documentalista sueco Cristian Petri recorre España tras las huellas que el paso del inmenso Orson Welles pudo haber dejado en esa tierra. Emulando, dice él, al periodista que busca la explicación de "Rosebud" en El ciudadano. Claro que no hay trineos reveladores en este caso. Las personas son siempre más herméticas que sus obras. Los testimonios, el recorrido, sirven de todos modos para bosquejar a ese genio mundano que se podía comer una paella para tres personas, mientras pensaba como seguir rodando su núnca concluido "Don Quijote". El propio Orson nos deja, como al pasar, la mejor descripción de la fiesta brava: “es una tragedia en tres actos”.

 

 

La perrera (Manuel Nieto – Uruguay / Argentina / España / Alemania / Canadá / Francia – 2005)


Acto fallido de cierto nuevo cine argentino... en el Uruguay. Junta algo del cine de Lisandro Alonso (un aroma) con los personajes de Ezequiel Acuña, para terminar haciendo de dos cosas buenas una mala. La música es formidable, e ilumina los pocos momentos del film que no se hunden en el costumbrismo más ramplón. El último trabajo de Martín Adjemián para la pantalla grande.



 

Linda, linda, linda (Nobuhiro Yamashita – Japón – 2005)


La película más linda del festival. Versión japonesa de Escuela de rock, pero en un tono más melancólico, más íntimo. Fresca, respetuosa con sus personajes: esos adolescentes que, en el cine occidental (como si tal categoría existiese), suelen caer tan fácilmente bajo el yugo de la moralina, el estereotipo y el prejuicio. Las cuatro chicas de la banda son encantadoras, y sus amigas también.

 


Le domaine perdu (Raoul Ruiz – Francia / Rumania / España / Italia - 2005)


Raoul (a.k.a. Raúl) Ruiz conoce mejor que nadie el modo arbitrario en que funciona la memoria, tan parecido a la lógica del sueño, ¡tan parecido al cine! Le domaine perdu es una película soñada, que quedo impresa en el nitrato por algún extraño artificio. Una belleza que se disfruta con los ojos bien abiertos.

 

 

In The Memory of a Day Gone By (Sharunas Bartas – Lituania – 1990)


Los detalles cotidianos de un día transcurrido en las calles de alguna ciudad de la Unión Soviética, desde la perspectiva de quienes las habitan. Excelente mediometraje documental (trabajo inicial del realizador), cuya delicada composición de cada plano ya anuncia el tono de toda su filmografía futura.

 


Three Days (Sharunas Bartas – Unión Soviética – 1991)


Tres días de un grupo de jóvenes errando por Kaliningrado; contados con esa anémica justeza de las primeras películas de Jarmush, en las que la comunicación entre los personajes parecía imposible y a cámara se limitaba a tomar ese lánguido vacío.

 


Screaming Masterpiece (Ari Alexander Ergis Magnússon – Islandia / Dinamarca / Holanda – 2004)


Islandia es un país imposible: 300.000 personas varadas en un gélido cascote en medio del océano. Aun más increíble que su mera existencia, es la posibilidad de un campo cultural más o menos productivo en esas condiciones. Este colorido y poderoso documental se ocupa de actualizar ese milagro, por medio de un recorrido por las variadas expresiones musicales que florecen en ese territorio tan yermo. Todo parece indicar que Bjork está lejos de ser una excepción.

 

 

Soledad al fin del mundo (Fernando Zuber y Carlos Casas – Argentina / Italia – 2005)


Recuerda, este pequeño documental argentino, algunos pasajes de Sokurov, los más fríos (A humble life o el increíble comienzo de Spiritual voices). Durante una hora, apenas si nos asomamos (como pidiendo permiso) a la vida de tres habitantes de la Tierra del  Fuego, cuyas labores más banales el contexto las vuelve épicas. Cumple con la premisa, sin aburrir, de presentar la ausencia en su estado más natural. Se siente la soledad en todo el cuerpo, y el frío también.

 

 

Los próximos pasados (Lorena Muñoz – Argentina – 2006)


Ya en el título está toda la denuncia de este nuevo documental de Lorena Muñoz (Yo no sé que me han hecho tus ojos) que aborda otro mito argentino que se perderá en la noche de los tiempos. El trabajo es preciso, sin perder el vuelo que resulta imprescindible para poder contar cómo una obra de arte (el mural que Siqueiros pintó en la quinta de Natalio Botana en Don Torcuato) se está apagando de a poco y sin retorno, dentro de un húmedo y olvidado contenedor portuario.



 

Sangre (Amat Escalante – México / Francia – 2004)


Sórdida es la historia que esta película mexicana quiere contar. Amplio es el abanico de formas al que apela. Siempre desde una planificación austera que por momentos le apunta a Bresson. La película es rara, afectada, cansina. Sus personajes son terribles en su laconismo. Película seca, despojada, ni créditos tiene.

 

 

Faust (Jan Svankmajer – República Checa / Francia / Alemania / Reino Unido – 1994)


El surrealismo en el cine es un capítulo difuso de las historias, pero no para Svankmajer. Un verdadero cadáver exquisito resulta este Fausto checo, hecho a partir de materiales tan diversos como asombrosos. Y su autor, como todo surrealista, es una persona muy seria. Párrafo aparte para la traductora (checo – español), una verdadera profesional, que tomaba nota de lo que el realizador decía, para poder dar una mejor interpretación de las respuestas. Tal vez estaba inventado todo (ni Svankmajer ni nosotros nos vamos a enterar nunca), pero las respuestas sonaban impecables.

 

 

Fantomes (Jean-Paul Civeyrac – Francia – 2001)
 


Al comienzo de Carretera perdida de David Lynch, hay un momento escalofriante. Durante una fiesta, un señor de aspecto diabólico (el actor Robert Blake, que luego fue preso por asesinar a su mujer) se le acerca a Bill Pullman y le da un teléfono. Éste lo atiende y por el altavoz escucha al mismo señor (de aspecto diabólico) que tiene enfrente, diciéndole que en ese momento se encuentra en su casa. Ésta película francesa atraviesa ciertas fantasías parecidas. Como en esa otra, extraña y un poco fallida, película de Thomas Winteberg, en la que todo es normal salvo que la gente se muere súbitamente en las calles y en cierto lugar de Africa ya no hay gravedad. Aquí también todo se rige por el realismo más severo, sólo que a algunos les da por desaparecer y a otros por estar, ya habiéndose ido.

 

 

Los suicidas (Juan Villegas – Argentina – 2005)
 


Igual que en Sábado: los desayunos, las cocinas luminosas, Camila Toker, conversaciones remilgadas. Ahora se le agrega una voz over (son o parecen citas literales de la novela de Antonio De Benedetto), con la que Hendler, en su eterno papel de sí mismo, lleva adelante una investigación policial (su profesión es la de periodista) que deviene rápidamente en la historia de sus relaciones sentimentales. La nueva película de Villegas tiene gusto a poco.

 

 

El amarillo (Sergio Mazza – Argentina –2006)
 


Todo sucede cerca de un pueblo de Entre Ríos llamado La Paz. A un prostíbulo de campo, llamado El amarillo, llega un muchacho (muy) de Buenos Aires y, entre canciones y color local, se toma unos mates con la pulpera. Ópera prima que mezcla tenuemente su línea argumental con registros que parecen documentales. Se deja ver ese ambiente cansino de los pueblos de tierra adentro, mezclado con los delicados interludios musicales de la sorprendente Mercedes Oliveira.

 

 

Bill Douglas: Intent on Getting the Image (Andy Kimpton-Nye – Reino Unido – 2005)
 


Pequeño documental sobre el hijo de una humilde familia de mineros escoceses que llegó a gozar de cierto renombre como realizador en la década del 70. Más allá de la calidad de su obra, el camino de Bill Douglas no deja de ser una rareza dentro de un arte como el cine: entretenimiento para burgueses, hecho por burgueses.

 

 

Trois ponts sur la riviere (Jean-Caude Biette – Francia / Portugal – 1998)


 El comienzo es parecido al de otra película francesa en competencia. Pero lo que en aquella llevaba a cierta distorsión de los sentidos aquí se queda trunco, completándose con un paseo por Lisboa que con el paso de los minutos exaspera.

 

 

La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta – España – 2005)


 Con cierto aire a los Fantasmas de Tanger de Cozarinsky, aquí dos personajes se cruzan en San Fernando, la tierra de Camarón de la Isla, esa leyenda del cante andaluz. Por un lado una muchacha oriental que deja todo para ir tras el tan mentado embrujo que habita los tablados. Por el otro lado un niño, obligado a crecer a los golpes en la tradición que implica ser gitano. Con esa textura que no deja distinguir fácilmente la ficción del documento, las dos historias transcurren paralelas, como ejemplos del enorme peso de un mito reciente (el de Camarón, muerto joven y en forma trágica), que es leyenda cultural y realidad social al mismo tiempo.

 

 

Tom (Mike Hoolboom – Canadá – 2002)


 Un año antes que Jonathan Caouette revelara su tormentosa vida en Tarnation, apelando a su archivo personal y a fuentes de lo más diversas, el canadiense Mike Hoolboom, sin el padrinazgo de Gus Van Sant, compuso esta biografía sobre un cineasta amigo suyo llamado Tom Chomont, ya fallecido víctima del SIDA. El film no sólo abreva en fuentes similares a las de Caouette, le agrega también un festivo uso del metraje encontrado. El tema, la biografía de un moribundo, se solapa con el juego formal, completando un proyecto interesante, que resulta duro de ver y difícil de digerir.

 

 

Seven Invisible Men (Sharunas Bartas – Francia / Lituania / Portugal / Holanda – 2005)


El último film de Sharunas Bartas da la sensación de ser infinito, menos por su densidad que por el laconismo de sus personajes, que casi no dejan resquicios para la posibilidad de un desenlace. Todo avanza con una extrema parquedad; un súbito incidente será el que termine con todo, con todos y con el film.

 

 

Coming Apart (Milton Moses Ginsberg – Estados Unidos – 1969)


En uno de sus primeros trabajos para el cine, Rip Torn (el agente Zed de Hombres de negro), interpreta a un psiquiatra que cita mujeres en su departamento y registra los encuentros con una cámara oculta. Toda la película consiste en un montaje de esos registros, algunos graciosos, otros más tensos; conforme transcurren los minutos, todos resultan igual de tediosos. El riesgo formal termina opacado por la repetición. El hastío que gobierna a los personajes finalmente se impone sobre la platea también.

 

 

Before Born (Zhang Ming – China –2005)


Personajes que se cruzan en una villa balnearia fuera de temporada, tras la pista de alguien que va a permanecer ausente. Con algo de La aventura de Antonioni y un humor bastante seco, se solapa una historia con otra que parece su repetición, pero un giro más tarde.

 

 

Three Times (Hou Hsiao-hsien – Taiwan – 2005)


Taiwan es el marco para estas tres historias de amor, que transcurren en tres épocas diferentes. A cada una de ellas la maestría de H.H.H. le otorga una textura particular, tan acertada como bella. El resultado final es un sincero gesto de devoción hacia el cine, a partir de todas las cosas hermosas que todavía se pueden contar apelando a las imágenes y a los sonidos.

 

 

Argentina, Mayo de 1969: el camino de la liberación (“Realizadores de Mayo”: Rodolfo Kuhn / Jorge Martín “Catú” / Humberto Ríos / Octavio Getino / Eliseo Subiela / Pablo Szir / Mauricio Berú / Rubén Salguero / Nemesio Juarez – Argentina – 1969)


Una obra fundamental del cine de intervención política en la Argentina que se creía perdida desde hace décadas. Ya lejano el fragor social que le dio origen, el film deja ver claramente la diversidad de su factura, que involucró a realizadores del más variado cúneo. Habiéndose realizado y exhibido en la clandestinidad durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, ver el film en la cómoda sala de un museo privado, no deja de ser una experiencia un tanto risueña.

 

We Can´t Go Home Again (Nicholas Ray – Estados Unidos – 1976)


Ya en el final de su carrera, justo antes de Lightning Over Water (esa especie de documental junto a Win Wenders que sería su epitafio), Nicholas Ray construyó con algunos alumnos suyos esta verdadera artesanía cinematográfica. Mezclando materiales registrados en diversos soportes y apelando a técnicas propias de la más cerrada vanguardia, resuelve esta obra que, además, transpira todo el tiempo esa irreverente vitalidad de los años setenta.

 

Electric Edwardians (Sagar Mitchell y James Kenyon – Reino Unido – 1900 / 1906)


Al estilo de esas remotas exhibiciones de principios del siglo XX, el historiador Tom Gunning iba comentando las imágenes de estas vistas de reciente restauración. Se trata justamente de la colección Mitchell & Kenyon, productora pionera del cine en Inglaterra. El archivo tiene un gran valor histórico y nos devuelve, además, la vida cotidiana de la clase obrera inglesa de hace cien años, que era protagonista y espectadora al mismo tiempo de todo aquel espectáculo ambulante, del que aquí podemos ver una apretada pero representativa muestra.

 

 

 


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