Palombella Rossa (Nanni Moretti,
1989)
por Jeff Bailey

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Palombella
Rossa (1989) marca el fin
de una etapa en la filmografía de Nanni
Moretti. Es el último capítulo, hasta
el momento, de la saga que tiene a su
alterego Michele Apicella en el centro
del relato - la misma se inicia con Io
sono un autarchico (1976),
para continuar con Ecce Bombo
(1979), Sogni doro
(1981) y Bianca
(1983). Anuncia, con dos años de
anticipación, la futura disolución del
Partido Comunista Italiano (P.C.I..)
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La película
se presenta entonces como un punto de inflexión
en su carrera. Se cuestionará acerca de un par
de temas que son los ejes por los que transitan
la mayoría de sus films: la militancia política
(la vida social y pública) y la constitución
individual (la vida privada). Para reconstiturse,
para repensarse, Moretti se quita el suelo de
abajo de los pies perturbando brutalmente el
tiempo y el espacio de la historia que narra.
Ubica la acción principal en el espacio de una
pileta de natación durante un partido de
waterpolo (del que también participa) y sufre,
en la primer escena, un accidente que derivará
en la pérdida de la memoria.Desmemoriado, con un
pasado difuso, Michele está obligado a
interrogarse, en una suerte de diálogo consigo
mismo, quién es él, a qué se dedica, qué es
el comunismo. Moretti utiliza el recurso del
flashback poco frecuente en su obra. De esta
forma, en el transcurrir de un partido de
waterpolo - desparejo, predestinado a la derrota
- aparecen dos series diferenciadas de
recuerdos.
Su infancia, la relación con su madre y su
forzosa iniciación en el waterpolo. Estos
fragmentos aparecen cargados de melancolía,
contradictorios por su combinación de tiempo
perdido, añorado y al mismo tiempo agresivo,
terrible designio de tener que separarse de la
madre para poder formar parte de los otros. En
los momentos más difíciles Michele, como un
niño, pedirá, rogará, estar nuevamente con su
madre.
Remontándose a
otro tiempo, a través de breves secuencias
filmadas en Super 8, Michele reconstruye
dificultosamente momentos de su otra iniciación:
la militancia política. Desde un presente remoto
y extraño, que lo encuentra como dirigente
confundido de un partido en plena crisis, el
personaje se remonta a la escena primitiva en la
que un amigo le pregunta por qué razón ser
comunista. En la respuesta del joven Michele se
halla tal vez la clave de algunos de los
conflictos que retornan incansablemente en las
películas de Moretti, dice Michele: Porque
es justo, porque no te sientes aislado, porque
estás con otras personas que creen como tu en
ciertas cosas.
El desconcierto,
el sinsentido, se instalan desde las primeras
escenas cuando el equipo hace su arribo al
natatorio. El pasado, fragmentado y desordenado
pero concreto, atraviesa incesantemente un
presente absurdo, donde la barrera entre el
ensueño y la realidad muchas veces tiende a
diluirse. El particular encanto de este film, sin
duda uno de los más cerebrales del director,
consiste en la profundidad que adquieren los
cuestionamientos de base que Moretti se anima a
realizar, sin convertirse nunca en una pelorata
pseudo filosófica, sirviéndose unicamente del
descentramiento que obtiene con la utilización
de medios estrictamente cinematográficos. La
paradoja que habita en cada una de sus creaciones
se despliega en Palombella Rossa
con una eficacia genial: la búsqueda de
construir una alternativa política de izquierda,
de constituir, formar y sentirse parte de un
todo, entra en conflicto con la imposibilidad
primitiva de relacionarse con el otro, con las
manías y los locuras de una persona que no puede
soportar que alguien use zapatos de un color que
no sea blanco o negro.
Culmina Nanni con
esta película un ciclo para comenzar una etapa
menos directa y más reflexiva. Ya no será el
joven Michele Apicella el sujeto alrededor del
cual se construirán sus fábulas sino que le
dará su propio nombre, Nanni Moretti - además
de su cuerpo - a ese otro ser que recorrerá las
calles de Roma.
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